Muy cerca de mí.

Las veo en el metro, se suben en mi estación, son cinco señoras acompañadas por un señor. Alrededor de los setenta su edad debe de estar, van muy arregladas y no paran de hablar.

Yo voy de pie junto a ellas y la verdad que a pesar del aire acondicionado hace bastante calor; con sus coquetos abanicos se disponen a pasar, una tarde en el retiro y todavía, unas cuantas estaciones, deben de esperar.

Iba leyendo, sin embargo lo que cuentan, es tan interesante, que he abandonado la lectura hace ya un buen rato.
Me encanta verlas como se desenvuelven y junto a ellas mi madre también está, probablemente mucho mas moderna a la hora de vestir, aunque con el mismo ritmo y ganas de salir.

Van todas vestidas muy similares, con sus faldas por debajo de la rodilla, sus blusas holgadas, de colores claros, sus bolsos a juego y sus sandalias Scholl de farmacia, para sus delicados y cansados pies.

Sus uñas perfectamente pintadas, también las de los pies, a juego con el carmín de sus labios y el colorete de sus mejillas.

De repente alguien se levanta y una de ellas, la de menor edad, le cede el sitio a la compañera y ella se sienta sin dudar.

El hombre va feliz, con sus cinco mujeres, es todo un señor. El las cuida, las escucha con tanto amor y apenas participa en la conversación; sin embargo en su mirada observo, que su mujer hace poco también pertenecía a ese lugar y que ahora esta solo y él respeta su lugar.

El hombre me conmueve lo educado, sensible y caballero que es. Ellas: le tratan igual, con el mismo cariño, lo noto en sus formas de hablar. Le piden consejo, cuando no saben la estación, en la que es mejor bajar.

Me he trasladado a la infancia y voy con mi madre por el andén, ella anda muy deprisa y yo no puedo seguirla tan bien.
Mi madre siempre ha sido muy diligente y sabía muy bien caminar, de joven una vez fue modelo y se nota en lo derecha que va. De paso firme al andar, la gente por la calle la miraban al pasar y más de un caballero le lanzaba un piropo, al ver mover sus caderas cuando la veía caminar.

Ahora ya no es la misma y estas señoras me recuerdan que ahí está, que siempre fue una madre muy coqueta y la dueña de todas las miradas al pasar.

Tengo mucha suerte porque mi madre todavía no ha abandonado este lugar y también como estas lindas señoras, ya no lleva esos sexis tacones, que la distinguían al pasar, sino, como ellas ,sandalias que le ayuden a caminar.

El señor que la acompaña y que por supuesto nunca la dejará, es mi padre, que la cuida muy de cerca y no la deja marchar, aunque ella sigue saliendo sola: al teatro, al cine y a sus maravillosos conciertos de música clásica, porque mi madre, a pesar de tener a mi padre, bajo sus pies, siempre ha hecho lo que ha querido y seguirá por hacer.

Soy muy afortunada de haber heredado de ella, tantas cosas buenas y antes de que se vaya, le voy a decir lo mucho que la quiero y cuanto me hace reír. Me llama desde la playa y me comenta lo “buenos” que están, los windsurfistas que surcan las olas y que la ayudan a revivir, que una vez fue una mujer joven, con muchas ganas de sentir, la llovían los piropos y ella así, se sentía feliz…

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6 respuestas a Muy cerca de mí.

  1. LNA dijo:

    Me ha conmovido……

  2. Francamente dijo:

    Me ha encantado, un beso

  3. apiyoyo dijo:

    Que bonito es darse cuenta también de las cosas buenas que nos han transmitido nuestros padres. 🙂

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