El hombre sombra.

Os voy a contar una historia que me pasó la otra noche.
Me acosté tranquilamente y a mitad del sueño me despertó algo terrible…Me incorporé y delante de mí, había la sombra de un hombre.
Un hombre muy alto, corpulento, estaba de espaldas y no le vía la cara, me sobresalté y el corazón comenzó a latirme con mucha fuerza.

Me asusté y mucho, froté mis ojos y la sombra desapareció, aunque el miedo no cesó.
Me levanté de un salto, encendí la luz y revisé palmo a palmo toda la casa: debajo de la cama, las habitaciones, abrí los armarios y como una niña, miré hasta debajo de la cama.

Por suerte no había nada…O quizá sí…??.
No me podía dormir. Me senté en mi sofá, cogí la foto donde están todos mis amigos, la coloqué sobre mi mesa y me rodeé de todos los muñecos que tengo, para cuando vienen mis sobrinos y se quedan a dormir.

Manchita, Rosita, el perro Maíz, regaló de una buena amiga y el pulpo Rosado que un día, cuando le comenté a mi sobrino Tin, de tan solo tres años que no tenía ningún muñeco suyo, no dudo en prestármelo, para que sintiera su compañía en las noches de insomnio, cuando las brujas malas, se pasean con su escoba y no dejan tranquilos a los dulces niños.

Me tomé un par de tilas y de repente en mitad de mi salón, todos los muñecos cobraron vida.

La hipopótama me relató, que por la noche se despertaba a beber agua y sentía a sus padres hacer el amor y que en vez de asustarse, se acurrucaba junto a la puerta de su habitación y notaba el amor inmenso que se tenían los dos, entonces se iba a la cama muy tranquila, porque sentía la seguridad de unos padres que le daban tanto calor.

El dromedario me dijo, que me acoplara entre sus dos jorobas y nos pusimos rumbo a un desierto muy lejano; me contó que su madre cuando era pequeño, le llenaba de un delicioso licor, una de sus jorobas, para que por la noche, si sentía algún temor, chupara de ese mágico líquido y así poder conciliar el sueño, nunca falló.

Ahora el turno de Maíz, mi San Bernardo, que sin darme cuenta, mi cara acarició y me recorrió un alivio por todo el cuerpo, que mi tensión, de un plumazo cesó.

Por fin llegó el pulpo rosado, que abrazándome con sus múltiples brazos, me transmitió los abrazos, que de pequeño su madre tantas veces le dio.

Antes de volverme a la cama, repasé todos los regalos que me habían hecho.

Hacer el amor, un dulce licor, los abrazos sin temor y una tierna caricia en el mentón. Son las claves para que en una terrible noche, donde conectes: con el dolor, el miedo, la traición y aparezca de repente ese “hombre sombra”; confíes que siempre habrá alguien a tu lado: que te hará el amor, te abrazara como ninguno, acariciará tu mentón y al unir tus labios con los suyos, degustarás un licor tan fuerte, generoso y cercano, que sentirás todo su amor…

Ya no habrá hombre en la sombra, sino que resurgirá en todo su esplendor, ese hombre que te quiere y está más presente que yo.

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3 respuestas a El hombre sombra.

  1. LNA dijo:

    Estoy segura de que la luz ya ilumina tu estancia para que el miedo se aleje.

  2. Pedro A. Díaz dijo:

    Humano sentido, especial entorno. Tus manos acarician los desvelos.

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