Un día especial.

Ayer fue un día estupendo de principio a fin.
Por la mañana con mi querida amiga Susana, nos invitaron a montar en piragua por las hoces del río Duratón; en un paraje extraordinario, donde se conservan una de las principales reservas naturales de buitres. El río transcurre en una especie de cañón, con el suficiente caudal, como para poder nadar o tirarse desde lo alto de la presa.

Fuimos con un grupo numeroso y variado de personas: acogedor, cercano, divertido.
La verdad que cuando te relacionas con el mundo, en plena naturaleza, es como si todo quisiera fluir y confluir en emociones y sentimientos.

Se comparte: la comida, la bebida, si tienes algún problema con la barca, no sabes muy bien que hacer con los remos o simplemente olvidaste tu gorra, siempre hay una mano amiga, que te ofrece lo que tiene.

Según avanzábamos con la piragua las dos por el río, observaba la magnitud de las montañas, que nos abrazaban y recibían encantadas. Los buitres nos lanzaban miradas desafiantes, sin embargo, como estábamos vivas, muy vivas, cambiaban de dirección y se entretenían en otras cosas.

Me daba cuenta de lo pequeñas que éramos, mi amiga y yo. En un lugar tan grande y con tanta naturaleza: el agua, el cielo, el sol, las montañas y ahí las dos remando y en silencio, muy calladas, observando todo lo que estaba a nuestro alrededor…Mi amiga iba delante y notaba cierta emoción, como iba remando, las dos al mismo son.

Al llegar a la orilla del río, paramos en una pequeño entrante y dejamos las piraguas. Susana, se fue a ver como saltaban algunas personas desde la presa y yo, me quedé con un grupo de gente y unos de los monitores. Un chico fuerte, alegre, vivo, cercano, compañero…Nos ofreció unas picotas que estaban riquísimas.

Ya le venía observando desde lejos y había algo en su mirada que me resultó familiar; la verdad que tenía curiosidad por hablar con él y le falto tiempo, para compartir con el pequeño grupo que quedábamos, lo que le había ocurrido el día anterior.

Comenzó diciendo: que tenía un tío estupendo, hermano de su madre, un hombre de sesenta y dos años, con unas ganas de vivir inmensas, buceador de profesión. Se dedicaba a coger erizo en las profundidades californianas de Santa Bárbara…Notaba algo en su voz, que no encajaba, con todas las cosa buenas que contaba.

Le mire un tanto confusa y sin apenas transmitir mi sentimiento, él aclaró mi duda.
Falleció ayer en el mar, en las profundidades marinas, con sus erizos, lo que más le gustaba hacer, se fue con ellos, traspasó el caudal y se quedó muy cerca de ese mar que tanto le quiso y que nos lo arrebató.

Al parecer la autopsia ha revelado que se trató de un infarto, no pudo aguantar tanta emoción…O quizá la superficie ya no era su lugar.

No he podido ir al entierro, no hubiese llegado, tantas horas de vuelo, me hubiera encantado ir…
El silencio se hizo latente y yo me conmoví. Nadie supo decir nada, puse mi mano en su hombro y mirándole a los ojos le dije: lamento un montón lo de tu tío y siento tu dolor.

Estar con todos nosotros, sabiendo que hoy tu tío ya no está aquí, debe resultarte muy duro.En este ambiente festivo y en un paraje tan singular, me sentí muy cercana a este chico: un hombre sano, valiente, con ganas de vivir. Por un momento, imaginé a su tío a la edad de él…

Con su transparente mirada agradeció mis palabras. Había estado cargando con todo ese peso, durante el día y cuando quiso compartir y descargar su emoción, le ofrecí mi mano amiga y estoy segura que la agradeció.

Fue un día maravilloso y desde aquí: a este valiente monitor, le quiero dar un abrazo y decirle: que hoy igual que ayer, se lleva una mano amiga y que su emoción contagió la mía, e hizo sin lugar a dudas, un día mucho mejor.

Alberto: te dedico el post de hoy.

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5 respuestas a Un día especial.

  1. LNA dijo:

    Que bonito acompañar a una persona que lo necesita…que acompañado se habrá sentido en su dolor.

  2. Ani dijo:

    Sin duda un día muy especial!!!

  3. Úrsula dijo:

    Acompañar es un acto de amor…

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