Dos JAULAS negras.

Mañana es el cumpleaños de mi hermana querida y me he ido a tomar el sol al parque. Quería tener buen color, para estrenar un vestido.

Pegaba un sol de justicia, sin embargo hacía un viento muy agradable.

Las chicas estaban en el césped, con sus bikinis de colores, los chicos,  jugaban al futbol.Un montón de niños reían y se refrescaban en una fuente.

Ciclistas, madres con sus hijos, paseaban de la mano, el tren que hace el recorrido, lleno de personas felices, disfrutando de una tarde de verano.

Iba con mi bikini rojo, mi faldita a juego, un pañuelo a la cabeza, para protegerlo del sol.

Andaba, tranquila, despacio…Los árboles movían sus ramas, en el estanque el monitor, ayudaba a su grupo, con las piraguas. Apremiaba a los más rezagados, las voces, se escuchaban desde lo alto, del puente.

La niña de la camiseta amarilla, jugaba con el remo, se lo estaba pasando en grande, mojando a los otros niños…

Me siento en el banco preferido, frente a él, diviso las cometas, como se deslizan suavemente, vuelan alto muy alto.Me puedo quedar horas y horas viéndolas volar, me siento tan bien, que no me quiero ir.

Se me está haciendo tarde, es hora de marchar.

Voy subiendo la cuesta, a escasos metros,  diviso a un hombre; va con unas bermudas, camiseta de tirantes, sandalias y  unas gafas de sol. Es corpulento y no tiene buena expresión. Detrás de él…No doy crédito a lo que veo, hay dos manchas negras, que le siguen muy de cerca.

Tengo las “manchas” a medio metro de distancia. Me paro en seco, la respiración se me acelera. Me quedo frente a ellas, solo les veo los ojos, dos pequeñas tiras de aire; llevan de la mano, a unos niños de corta edad.

Miran para abajo, yo no lo puedo soportar, miro de nuevo al hombre, no ha dejado de caminar.

Uno de los niños ha tropezado y la mujer, que le lleva de la mano, mira por esa rendija,  apenas ve…El hombre se vuelve, la mira de mala gana, con desprecio, odio, indiferencia…Ella no se atreve a mirar. Yo desafío a todas las leyes de la gravedad. No debe de tener ni quince años y no puede ni respirar, en esa jaula negra.

Sus ojos son preciosos, de un azul inmenso, seguro que no sabe, ni que existe el mar.

Me quedo paralizada, por un momento me quiero acercar…Si hay algún “dios” ahí arriba! por favor que baje a ayudar! Mi garganta se vuelve seca, seca de tanto gritar.

Nunca verán: el cielo, el mar, las estrellas. Ni podrán llevar, un precioso bikini y libres poder pasear.

Detengo bruscamente mis pensamientos.

Los mineros, la carga policial, los banqueros…Y a pesar de todo y sin el, a pesar. Ahora si que grito: QUE AFORTUNADA SOY… de compartirlo y poderlo contar…

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