Caricias de padres a hijos y viceversa.

Muchas veces cuando salgo a pasear, hay unas pistas de tenis y veo a un padre, de nos más de cincuenta años, con su hijo que apenas llegará a seis, entregados como  dos adultos, jugando con sus raquetas.

El niño, corre, grita, salta… Se ríe, o se enfada, si falla la bola. Juega mejor que su padre y eso le debe dar mucho ánimos, con lo pequeño que es y lo bien que se le da.

Les veo casi todas las tardes y me quedo pensando en la complicidad que hay, lo mucho que se quieren y los ánimos que se dan. Si no da bien a la pelota, el padre le corrige  y cuando el niño apenas llega a la red, de forma muy cariñosa, el padre apenas lo nota y le anima a continuar. Siempre con buenas palabras, jamás le he oído decirle “mal”, al revés: todo se puede mejorar, muy bien hijo, lo estás haciendo fenomenal…

Hoy no me he podido resistir y en el instante en  que la bola se detenía y se paraban a descansar.Me he dirigido a los dos, lo primero,  ha sido pedirles permiso  por si interrumpía la concentración.

Ellos se han mirado  y al unísono me han dicho que no, que no era más que un juego y que les agradaba mi atención.

Primero he felicitado al padre y él, muy orgulloso me ha dicho que todo el mérito era de su hijo, que él solo obedecía, a lo que el niño demandaba. Me contaba que bajaban todas las tardes después de merendar.

De primero un zumo de naranja, para hidratarse y a continuación un buen vaso de leche con cereales, para coger fuerzas y poder aguantar en estas tardes de verano, que apretaba el calor.

Alvaro, que así se llamaba el niño, no perdonaba bajar un rato a jugar al tenis y con tanta satisfacción, él no podía decirle que no.

Vuelve a sacar Alvaro y esta vez el padre no llega a la bola y se detiene justo nada más cruzar la red, él niño se contraría y le dice: ¿Papá porque has fallado esa bola, si estaba para dar?

Hijo mío: el sol me ha deslumbrado y no la he visto llegar. Saca de nuevo tú y lo volvemos a intentar.

Esta vez el set ha sido completo y hasta siete veces la bola no ha parado de ir de un lado para el otro.

El padre se cansa antes y me mira de soslayo, no quiere que le sienta desfallecer.

No te preocupes, lo más importante que acabas de conseguir, es ver a tu hijo haciéndole feliz. Yo os admiro y por encima de lo bien que juegue, tu hijo, eso no se puede negar. Lo más importante es lo que acabas de lograr. Que tu hijo se divierta y los dos podáis compartir esos instantes de vida con tu pequeño, que jamás olvidará.

Cuando sea mayor, recordará las veces que con su padre, salía  raqueta en  mano, dispuesto a triunfar…

Tu hijo: seguramente llegará muy lejos en la vida, en el tenis o en lo que él elija y todo; gracias a un padre, que siendo muy pequeño no le falló,   ni un solo día, compartiendo una tarde tras otra, todas las tardes de verano, de ese año de su vida.

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2 respuestas a Caricias de padres a hijos y viceversa.

  1. Angeles Asensio dijo:

    Cuánta razón y emoción tienes Laura. Yo también he jugado de pequeña al tenis con mi padre y ese recuerdo, amor y reconocimiento queda grabado para el resto de la vida.
    Muchas gracias por ayudarnos a despertar recuerdos felices de la infancia.
    Tu fiel admiradora

  2. lanuckas dijo:

    Me alegro que te haya gustado.Un placer compartirlo contigo 😉

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