Siempre me pide perdón.

Otro cumpleaños familiar…En verano nació casi toda mi familia y como todos los años toca celebrar.

Esta vez ha sido el de mi padre. El patriarca de la familia, aunque no ejerce, demasiado, como tal; es el mejor padre del mundo y encantada de decirlo a viva voz y que se escuche bien alto.

Habíamos quedado a las nueve de la noche, en un elegante restaurante de la sierra. Los primeros en llegar mis padres, la siguiente fui yo y por orden de llegada, el resto de  comensales.

Llevaba un precioso vestido, que tiempo atrás fue largo y después de reciclar, mostraba mis lindas y largas piernas. Todo el mundo pensó que me lo acababa de comprar. A juego, unos preciosos pendientes dorados, de concha de mar…Los tengo desde hace mucho tiempo y me encanta lucirlos, toda morena, en esas frescas noches, que en la sierra de Madrid, se puede disfrutar.

Sentada junto a mi padre, no paramos de hablar. Hasta que llegó el pequeño Tín, con esas ganas, como nadie, de abrazar a su tía preferida.

¡Tía que guapa que estas! ¡Tu si que estás guapo!, con esas camisa de cuadros azules y rojos. La he elegido yo. Pues tienes muy buen gusto…Mamá quería que me pusiera la naranja, yo le he dicho que no. ¡Me parece fenomenal!

Todavía no los ha visto, pero poco queda ya. Su mano se lanza como “alma que lleva el diablo” y agarra  con todas sus fuerzas, de uno de mis pendientes.Es   tanta la emoción, que en medio segundo, lo ha partido en dos.

A mi casi me da algo…Con el cariño que les tengo. Apenas voy alzar la voz, cuando veo esos ojos que me miran y sin hablar me piden perdón. Tía yo no quería, ha sido sin querer… A punto de ponerse a llorar le doy un gran abrazo y le digo: lo que has hecho, no ha estado bien, pero no te preocupes, lo vamos arreglar.

Con un poco de celo o con pegamento, seguro que queda bien. ¡Venga: vamos a pedírselo al camarero!.

Se encamina todo resuelto y  presa de la  contrariedad. El camarero le ha dicho: que no hay celo, ni cola, para poderlo arreglar.

El niño ya no le da más vueltas y se va a jugar.

Esta mañana me ha llamado mi padre:Tín, nada más llegar a la piscina, le ha preguntado,  si la tía lo pudo arreglar. Que en cuanto lo arregle, que se lo diga porque si no, tiene preparado el dinero de la hucha, e irse al mar, para coger un par de conchas y cambiarlas por unos nuevos pendientes, que seguro a mi, me van a gustar.

¿Como no voy a quererle?…Con tan solo tres  años de edad, sabe perfectamente lo que ha hecho y en su pequeño gran corazón, ha sacado sus ahorros, para que a su tía, no le falten sus lindos pendientes, con los que le abraza con tanto mimo y primor.

No quiere que este triste y siempre me pide perdón.

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