El árbol del AMOR.

El sábado quedé con mi amiga María en mi casa y luego nos fuimos a dar un paseo por un parque  cercano. Llevo yendo toda la vida, sin embargo, ese día fue diferente, distinto…Entramos por una puerta lateral y desde un principio, mi amiga  varió el recorrido.

¡Vamos a ver que son esos cubos con fotografías…! Ah! eso es una especie  de puzzle para los niños. Se van cansando las piezas y obtienes  las imágenes. ¡Que bonito! Una palmera, los arcos de la Alhambra, otra palmera… ¡Me encanta!

Un poco más adelante se encuentran los famosos dromedarios, que  a tamaño real, descansan sentados en el suelo, sobre sus patas…¡Quiero que nos hagamos una foto! Por mi encantada! Le respondo. Siempre he querido hacérmela y nunca he tenido la oportunidad. Pues esta vez, te la regalo yo.

Seguimos andando y llegamos a un pequeño laberinto, lleno de dibujos hechos en piedra, a modo de relieve. Le explico la diferencia, entre un bajo  y un alto relieve. Hay una niña de unos once años que está a punto de irse  y de forma pausada se queda atenta a mi explicación. Le sonrío y me devuelve la sonrisa. Parece que le ha gustado.

Es un parque ambientado en la zona mediterránea: desde la época de los antiguos faraones en Mesopotamia, hasta lo frescos jardines de Granada. Con elementos muy singulares, que te adentran en su cultura y costumbres.

María va encantada siguiendo mis explicaciones, de repente vuelve a variar el itinerario y subimos por unas escaleras, que van a parar a un pequeño patio, con dos fuentes a cada lado. ¡Es precioso! Parece que estamos en Granada. Ahí; es exactamente la zona en la que nos encontramos. Me encanta toda esta cultura! Me dice llena de entusiasmo. Respira fuerte,  que seguimos con la ruta. Le respondo.

Hay algo que le llama al atención, me mira llena de asombro y con un hilo de voz me dice: ¡El árbol del AMOR¡.No le hago mucho caso, he pasado tanta veces…¡Que si…Lo pone en el cartel! No doy crédito a sus palabras .Efectivamente así reza. También  llamado el “árbol de Judas Iscariote”, porque es ahí donde se ahorcó. Leemos en la inscripción.

Sus hojas en forma de corazón, con unas flores de un malva intenso y unos frutos de color marrón. Mi amiga me escoge la mejor flor  y continuamos  paseando.

Ya  hemos cruzado al otro lado del parque y con la flor del amor, siento una punzada fuerte en mi interior… Nos sentamos junto al estanque, los escalones hacen que el agua imite el fluir de una cascada. Cierra los ojos y siente el sonido. Me dice mi amiga, yo no dudo en dejarme sentir…

Me has hecho un montón de regalos en el día de hoy, María. Jamás, antes había reparado en tantas cosas bonitas, que esconde este fantástico lugar.

Gracias por haberme invitado. Me responde María.  Sin ti, nunca lo hubiese conocido. Le doy un abrazo, me coge de la mano y las dos juntas atravesamos un puente que desemboca en un mar…Nos subimos en el primer  barco rumbo a un lugar desconocido.

Quiero conocer a los faraones. No lo pienses más…En Mesopotamia esa noche dormimos…

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