Las Cariocas.

Inmersa en mis pensamientos me hallo, vengo de hacer compra.Hace bastante calor y me siento en un banco a descansar. Me llama la atención, la cantidad de personas que hay paseando con sus perros. Observo que  la mayoría son de la misma raza. No soy una experta, sin embargo se parecen a los caniches. Todos de color blanco. En la cabeza, cola y patas tiene bastante pelo y el resto del cuerpo lo llevan cortado  a cepillo.

Juegan entre ellos y se lo pasan muy bien. Empiezan a aparecer más dueños. Hablan de las vacunas, del cepillado…Que ahora duermen mal por le calor…Me resulta muy extraño escucharles, es como si hablaran de sus bebes.

Yo no tengo perro, sin embargo esta situación, me  traslada a mi época universitaria, cuando vivía en casa de mis padres. Me acuerdo de Manolo, un gato atigresado con unos preciosos ojos marrones y siento el cariño que le tenía.

Abstraída  en mis pensamientos sobre perros y gatos, aparece una pareja jóven, con un precioso cachorro de pastor Alemán… ¡Este es de los míos! que bonito es y que listo parece.

La pareja se me queda mirando con orgullo, han debido sentir lo mucho que me gusta su perro.

Se van caminando hacia una especie de ladera. El chico se sienta en el suelo, el perro a su lado se ha tumbado y no duda en hacerle caricias y jugar con él. La chica, de pie, saca de sus bolsillos dos cintas, que desembocan en dos bolas de infinitos colores.

Se las ajusta a las manos y comienza a moverlas a un ritmo vertiginoso Para un lado, para otro. Las lanza hacia arriba, las vuelve a coger…

Hacía tanto tiempo que no las veía, que hasta  olvidé  su nombre. Me quedo embelesada, mirando como las maneja; hace rato que he volado con ellas y desde arriba observo pasear a los dueños, con sus lindos perros.

Es hora de marchar, me acerco a la pareja y a la chica sin dudar, le pregunto. ¡Hola! ¿Que tal os va? Estaba sentada en esa banco y no he dejado de observar, lo bien que manejas las cintas y te quiero preguntar como se llaman, porque lo olvidé y seme acaba de ocurrir una historia, que de ellas quiero contar…

Su cara se llena de emoción y como si le acabara de pedir un autógrafo, me responde: son “Las Cariocas”… ¡Es verdad! Ahora lo recuerdo.

Ten. ¿Lo quieres  intentar? Es muy fácil, solo déjate llevar.

No me da tiempo a reaccionar y me ha colocado cada bola en una de mis manos. Cierro los ojos…Ahí que van…Las subo hasta el cielo, las nubes me han dejado pasar, vuelven hacia abajo. Las vuelvo a tirar. Esta vez los pájaros, se han puesto  a piar y entre pío y pío me han gritado: ¡Con cuidado! ¡Que por poco, nos das! Yo me río y les digo: los siento y vuelta a empezar.

La chica me mira perpleja. ¡Vaya domino que tienes! y eso que ni siquiera sabías como se llamaban. Parece que esta vez tú, me vas a enseñar. Gracias, le respondo. Solo he hecho, lo que me has dicho: cerrar los ojos y dejarme llevar…

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