La dama de plata.

Subo la cuesta en esta mañana soleada de domingo y a lo lejos diviso a una mujer, una señora, una dama…Debe tener cerca de setenta y muchos años; su luz blanca, cana, plata. Me deslumbra, me obliga a mirarla, verla, observarla.

Toda conjuntada, camina muy derecha, hacia algún lugar. No lleva prisa, su expresión es relajada, apoyada en su bastón, muy gentil y directa baja la cuesta.

Pantalón blanco, a juego con una blusa: plata, gris, cana, de satén. Combinada con un sencillo collar de perlas, plata, blancas, gris. Acaricia su rizado pelo, impecable.

Detrás a escasos metros, le sigue su guardaespaldas de cuatro patas. También blanco, gris, cano. Con el pelo ensortijado, igual que ella.
Parece que va tranquilo, sin embargo le sigue muy de cerca y no pierde detalle, la observa, parece que va distraído… mueve su linda cola y olisquea con su hocico, lo que tiene bajo su boca.
Va feliz, contento, se mueve, se remueve, no se le escapa un detalle.

Al llegar a su altura, ella me mira altiva, serena, guapa muy guapa y sus ojos expresan, paz. Es coqueta y lo sabe, me mira y en su mirada observo que ella también fue joven, como yo ahora y que en su juventud, también paseaba como yo: derecha, segura, serena.

No puedo dejar de mirarla y ella lo sabe. Hace un ademán con su mano y coloca uno de sus rizos, de sus preciosos rizos, despeja su cara y en un instante: difuso, rápido, lejano… Nos miramos a los ojos y ella me sonríe, sin mover sus labios, sus ojos me miran y saben muy bien lo que ven…

Me acerco, la saludo, le doy los buenos días, le digo lo guapa que está, lo conjuntada que va…Ella parpadea, cierra los ojos y suspira y siento su pensamiento, me toca con su mano, me agarra del brazo y me invita en su paseo.

Siento su fragancia, su amor, intenso, profundo…Me mira a los ojos y sin hablar me lo dice todo…Algún día llegarás a mi edad y seguramente por tu forma de caminar, de hablar, de acercarte a mi también irás acompasada, coqueta y cumplirás mis años, que también serán los tuyos. Eres afortunada por permitirte saludar a una extraña, regalarle tu amor, tu amistad y brindarle tu mano amiga.

La señora de plata, se aleja; ha dejado una brisa infinita, que me acompañará en mi camino. Ahora me siento más joven, feliz, plena… Y se que algún día tendré su edad y alguien también me saludará, y me tenderá su mano: cercana, sincera, amiga…

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6 respuestas a La dama de plata.

  1. LNA dijo:

    Que bonito, Laura. Cada día escribes mejor.

  2. Maca dijo:

    Me ha gustado mucho !!!

  3. Lo bonito de tus post es sobre todo la humanidad que desprenden, amen de lo bien redactados y profusamente detallados que estan.
    Cuando los leo practicamente los vivo y los siento propios, esa empatia que generan es por que con tus escritos acaricias la parte mas humana y sensible que todos llevamos dentro y lo haces tan sencillo y sutil que parece que seamos nosotros parte de las historias que escribes.
    Felicidades por ser hoy el dia de tu santo y felicidades por este don que tienes y que compartes tan generosamente, besos y abrazos.

    • lanuckas dijo:

      Me alegro Juan,de hacerte sentir parte de la historia.Es un enorme placer compartirla, con personas tan cercanas y sensibles, como tú. “Acariciar la parte más humana”, menudo regalo que me has hecho….Me he emocionado.Bonita forma de expresar lo que sientes. Un abrazo lleno de cariño

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