Un instante, en un segundo.

Voy en el vagón del metro, camino a un estudio de mercado.
Tengo varias estaciones por delante. Me siento: tranquila, sosegada, despierta. Abro mi libro de Murakami, ya voy por la tercera parte de “1Q84”, estoy deseando saber el final, me tiene muy inquieta y aunque el ritmo de su escritura, es como yo en ese momento; hay una actividad frenética, en la mente del autor, que me gusta y me atrae.

Las estaciones van pasando, es temprano, apenas son las nueve de la mañana y comienzan a subir viajeros, a mi lado un chico joven, lleva una mochila al hombro, viste con ropa desenfadada, su pelo es largo, sus ademanes un poco trasnochados, sin embargo su aspecto no está descuidado.

Va de pie, muy cerca de mi y también lleva un libro en sus manos, lo abre y comienza a leer, me inclino un poco para ver el título, siempre lo hago, me encanta saber, que es lo que lee la persona que está cerca de mi, imagino su vida, su forma de pensar…Es un parte de mi juego, y así se me pasan volando las estaciones. Imagino vidas, familias, momentos de esa persona…

Se trata de “Cometas en el cielo”, un libro precioso me digo, buena elección. A mi derecha, sentada, va una chica un poco más mayor, está muy concentrada en sus apuntes, sobre masajes, lo adivino por las imágenes que aparecen. Frente a ella, una mujer mayor, me cuesta adivinar de que se trata su gruesa lectura, al final descubro, que es un libro de historia.

El aire, a pesar de encontrarme en un vagón del metro, es fresco, cálido, incomprensiblemente huele a limpio, a recién duchados. Hay una temperatura estupenda, ni frío ni calor.

Apenas, en el vagón, estamos de pie cuatro personas, el resto sentadas, van con sus cascos, con música, noticias. Eso lo imagino, porque no se oye nada, hay un silencio sepulcral. Cierro los ojos y por un momento me traslado, a una biblioteca y en ese preciso instante, en menos de un segundo, mi cuerpo se estremece y siento un placer sin igual.

Despierto, abro los ojos, continuo en el vagón, miro a mi alrededor y toda la gente, parece sentir lo mismo que yo; un simple gesto, una mirada, una expresión …Toco la felicidad de la gente y me encanta sentirme así, rodeada de personas que disfrutan como yo, de un momento de paz ,calma, reposo, espera…

Con un buen libro, en un espacio tranquilo y contagiada de las personas que están ahí, tan cerca de mi.
Que bonita forma, de comenzar el día, aunque sea bajo el suelo de mi ciudad, volando muy deprisa, en un vagón de metro, en un instante, en un segundo, en aquel lugar.…

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2 respuestas a Un instante, en un segundo.

  1. manelar dijo:

    Menos mal que siempre nos quedará… la lectura para emocionarnos y seguir sonriendo a la vida.

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