Una tarde de domingo diferente.

Invité a mis padres a merendar chocolate con churros a mi casa. Era una tarde fría, lluviosa, bastante desapacible.
Mi padre se entretenía con una caja de herramientas, que días antes me había regalado. Poniendo, quitando, probando, abriendo, cerrando…Le veía y sentía a mi sobrino Martín.

Resulta que el otro día mi madre, cuando fue a visitarle, a él y a sus hermanas.
Al entrar por la puerta, Martín, de tan solo cuatro años, vino como un rayo y a viva voz le dijo:¡Abuela ya tengo móvil! y tiene hasta funda de colores, me lo ha fabricado mi hermana María.

Mi madre no daba crédito, su querida hermana le había hecho perfectamente con una simple hoja de papel, una especie de tapa pegada con celo, y el niño abría su móvil de juguete como si fuera un mejillón.
Luego se acercó a los enchufes de la televisión y muy despacito y con sumo cuidado lo acercó a los cables y puso su recién estrenado móvil, debajo de ellos. Advirtiendo a todos los presentes que tuvieran mucho cuidado al pasar por ahí, porque su móvil se estaba cargando.
La carcajada fue general y Martín también se unió a ella.
Corriendo fue a abrazar a su abuela arrebatándole de un tirón el bolso, para buscar los ricos caramelos que siempre lleva.

En ese preciso instante, me traslado a mi infancia, cuando mi abuelo Luis. El padre de mi madre nos venía a visitar a mi primera casa, donde nací y nada más llamar al timbre, le abría la puerta, se acercaba, me besaba y ponía sus fuertes y duras manos sobre mis orejas, de donde salían mágicamente un par de caramelos.

Un gajo de naranja y otro de limón. Me quedaba fascinada de la facilidad con que fabricaba los caramelos…

Vuelvo a la merienda de los churros con chocolate.
Mi madre siente frío, le cubro con una mantita las piernas y le coloco suavemente un echarpe sobre sus hombros.
Sus pies están húmedos y se los caliento con un corazón relleno de un líquido especial, que con tan solo tres minutos encendído permanece caliente varias horas. La siento como una niña que la arropan, cuidándola y mimándola hasta que se queda tranquila…

Y ahí tenía yo a los dos niños, a papá y a mamá. El con su caja de herramientas y ella con mi corazón a sus pies, devorando un caliente chocolate con churros que acababa de comprar, en uno de esos puestos ambulantes que hay en cada barrio de una gran ciudad.

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4 respuestas a Una tarde de domingo diferente.

  1. elektrapapel dijo:

    Pero que encanto eres!! Poca gente cuida con tanto mimo a sus mayores, a veces nos olvidamos de todo lo que han hecho y siguen haciendo por nosotros y que necesitan todo nuestro amor y cariño para no sentirse como trastos inútiles. Me alegro mucho de conocer a alguien con tanta sensibilidad como tú 🙂 Preciosa entrada, gracias por compartirla conmigo!!

    • lanuckas dijo:

      Me alegro que te guste y la fidelidad en tu lectura.Me ayudas a combatir el miedo al que nos enfrentamos, cuando no nos conformamos con lo que nos viene y luchamos por cambiarlo.Sin duda tu también estás llena de emociones y sentimientos.Un abrazo.;-)

  2. LNA dijo:

    Me ha conmovido… Gracias Laura

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