Y el reloj comenzó a andar…

Estaba en la joyería para ponerle una pila a mi reloj, cuando al abrir la tapa la relojera me explica que las pilas no están…Cual fue mi sorpresa ante tal situación:¿ y ahora que se podía hacer?.
La dependienta se ofrece a quedarse con el reloj y a buscar las pilas precisas. Le doy las gracias y me voy.

Al llegar a mi casa me preparo una rica merienda, enciendo el ordenador, chequeo el correo, abro mi Twitter, pongo un poco de música y de repente suena el móvil…

Me quedo un instante parada, es raro que llamen un viernes a las ocho de la tarde sin haber hecho ningún plan…Me dirijo al aparato y en la pantalla leo: Sol Z.
¡Mi querida amiga! Que tanto me está acompañando en estos inciertos momentos. Descuelgo y me cuenta que acaba de salir del trabajo, que está muy cerca de mi casa, que me invita a una cerveza: por supuesto, le respondo, ahora mismo bajo…

Cojo mi abrigo y me presento en la calle en dos segundos, la veo a lo lejos con ese aire informal, desenfadado…Me encanta verla andar… Le abrazo, le doy dos besos y nos vamos muy juntitas a una terraza acondicionada para el invierno, donde nos gusta estar.
Pedimos un par de cervezas y ella comienza a hablar, me cuenta lo que le está ocurriendo en el trabajo, lo mismo que en su hogar.

Parece que lleva mucha prisa. Le digo que paré que así no se puede estar. Me cuenta que cuando llega el fin de semana, se levanta muy temprano y no deja de hacer cosas: la casa, la compra, la bici, ir al centro de la ciudad…Su cara se llena de lágrimas…
Su marido se ha ido este fin de semana fuera, tenía un compromiso que no podía dejar pasar.
Me dice que se alegra, porque así puede pensar…Eso está muy bien cariño, le respondo con toda sinceridad. Pensar para: escribir, pasear, reflexionar…

La vida nos pone muchos obstáculos y de vez en cuando hay que parar, sentir lo que nos ocurre y volver a comenzar.

Sus lágrimas ya se han marchado y nos ponemos hablar, de los programas absurdos de la tele, de las novias de los futbolistas, de cosas banales que ocurren en una gran ciudad. Mi amiga se ríe yo le acompaño, le agarro de la mano… ¡No hay precio en este preciso momento y nadie nos lo puede quitar!.

Venía muy triste, con ganas de mandar todo muy lejos y con un poco de buena charla y dos cervecitas en un bar… ¡Que bien lo hemos pasado!.
Así son las pequeñas cosas que dan sentido a nuestra vida y por las que merece la pena luchar…Que suerte tengo de contar con amigos con los que poder compartir cualquier cosa, por pequeña que sea en una tarde lluviosa, en una terraza o en un bar.

El reloj se quedó sin pilas sin embargo la vida continúa y es fantástico ver como la vivimos, cuando tienes a tu lado a personas llenas de vida, que te acompañan una tarde cualquiera, en cualquier lugar.

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2 respuestas a Y el reloj comenzó a andar…

  1. Maca dijo:

    Qué bueno recuperar y compartir con viejas amigas !!!!!!!!

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