Siempre hay una primera vez.

Algo ocurrió esa tarde al volver de comprar los churros.
Me encontré al vecino del tercero que tiene un perro muy salado y no había ni rozado el umbral de la puerta, cuando el canino se abalanzó sobre la bolsa a olisquear exquisito manjar.

Mi vecino le regañó, tiro de su correa hacia atrás y al animal no le debió de gustar porque de su boca salió un enorme ladrido como los que escucho muy a menudo en mi portal cada día, cuando le hace meterse en el ascensor para volver a su hogar.

El me sonrió y comenzó hablar. ¡Yo que pensé que era mudo…! Me dejó un tanto confusa. Lleva más de dos años de vecino y jamás le oí dar ni unos buenos días, despedirse con un hasta luego o saludar con un hola que tal…

Siempre pensé que era algo tímido o que tenía algún problema de cuerdas vocales…Jajaja. La verdad es que no, simplemente imaginaba que era de esas personas que les cuesta saludar, por timidez, vergüenza o por ambas cosas a la vez.

Cuando le veía le notaba acelerado, corriendo, como si su vida se agitara siempre y no pudiera parar.
La verdad que es un chico muy majo, todo un galán, se parece a los antiguos actores de Hollywood un estilo Cary Grant.

Esta tarde gracias a su perro, sus labios han comenzado a vibrar. Me comentó lo que le gustaban los churros y el tiempo que hacia que nos los comía.

Perpleja ante tanta locución, le escuché embelesada y apunto estuve de invitarle a participar en una tarde de merienda con mis amigos.

De repente a viva voz  le grita a su mascota: ¡Catan: basta ya de molestar!
Nombre de sultán le digo yo, de tierras árabes añado , me dice que es un nombre africano y sin dudarlo dos veces le respondo: seguro que es un personaje de “El rey león” que olvidaron colocar en los créditos y es tan famoso como yo…Nos reímos a carcajadas.

Ya llega su ascensor, me dedica otra sonrisa primero él y después Catan, que moviendo su alegre cola camina al compás tirando de su amo hacia fuera porque no quiere regresar a su hogar.

Le digo que como no suba, no le vuelvo a saludar ni le dejo oler con su hocico mis churros nunca más.

Que hombre tan peculiar, pienso para mis adentros cuando el ascensor se va, cuanto le ha debido de costar, siendo tan tímido vencer esa barrera y atreverse a hablar.

Hay que confiar en el otro y dejarse llevar… Siempre sentí que era un buen tipo y con la excusa de los churros y de su perro Catan estoy segura que la próxima vez que le vea es él, el primero en saludar.

cary-grant

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2 respuestas a Siempre hay una primera vez.

  1. alberto dijo:

    No has elegido un mal galán.. El más legendario!

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