Dedicado a todos los abuelos.

Ayer  por la tarde al entrar en mi urbanización me encontré con la nieta de Alejandro, aquel señor de ochenta y dos  años que hace un tiempo me invitó junto con toda su familia a comer. Llevaba casi un año esperando que aceptara esa invitación hasta que al final este verano acepté.

Si queréis ubicar dicho momento en mi blog debéis buscar el  post  titulado “El saludo”.

En esa comida coincidí con su nieta Mónica una joven estudiante de farmacia…

Desgraciadamente hace unos meses a este señor le dio un derrame cerebral y ha estado durante todo ese tiempo ingresado primero en un hospital y ahora en una residencia.

Suelo preguntar a su “ama de llaves” como a él le gusta llamarla, cuando me la encuentro sin embargo ayer tuve noticias de primera mano.

Me acerqué a la muchacha y la saludé, le pregunté  como andaba su abuelo y ella muy resuelta me lo explicó. Parecía poco afligida me decía que no entendía casi, que  apenas de su boca salía un si o un no, que le costaba mucho pronunciar las palabras pero…Que seguía jugando al dominó y encima ganaba.

Entonces le pregunté que si no razonaba demasiado como podía jugar y encima ganar las partidas; ella no me lo supo muy bien explicar. Me comentó que  al parecer los médicos opinan que hay determinadas cosas que el cerebro no olvida y reproduce casi de forma inmediata.

Quise saber más: como fue, donde, si estaba solo…? Ahí se derrumbó, me dijo que le esperaban ese día a comer y como no respondía al móvil le fueron a buscar.Aquí hizo una breve pausa y en un tono casi imperceptible con un hilo de voz añadió, fuimos mi madre y yo.

Se le encontraron tirado en la cocina…Ahí no pudo seguir hablando, la cogí de la mano y la intenté tranquilizar .Toda la fortaleza que tenía cuando empezó a narrarme los hechos y su presumible frivolidad era solo una barrera, una coraza para poder comenzar.

Me armé de valor y le comenté que todo en la vida por muy difícil, doloroso y  terrible que parezca, ocurre PARA algo bueno aunque en principio no lo veamos o nos neguemos a verlo.

Parecía como  que no me escuchaba  y siguió contándome que ahora está en una residencia porque tienen que  acondicionar su casa, ya no se podrá nunca más levantar y tendrá que desplazarse en silla de ruedas…Con lo que le gusta caminar y dar sus paseos pensé para mi.

En este punto me lo cuenta todo de  forma mecánica, apenas tiene expresión. De repente se hace un silencio que a mi se me antoja eterno, me mira muy fijamente y sonríe de forma extraña.

Ahora me deja que le bese… Que le abrace… Y que le acaricie la mejilla…Como? Antes no te lo permitía? Le pregunto yo un tanta perpleja. Ella continúa…A mi abuelo nunca le gustó que le tocaran y ves, ahora creo que tienes razón…Mi abuelo no se mueve, ni apenas escucha mi voz, sin embargo le puedo tocar, abrazar, sentir su calor…

Ves Mónica, como la vida nos da regalos aunque a veces  desde un lugar donde no quisiéramos estar?

Aprovecha este momento, no le dejes de abrazar de llenarle de besos y todos los días decirle lo guapo que está. Fíjate con ochenta y dos  años y es la primera vez que su nieta, con apenas veinte y dos le toca el corazón…

abuelo

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