¿Seguimos haciendo caso a las “señales”?.

El pasado jueves recibo una invitación de un seguidor de mi Blog, al parecer desde junio del año pasado que mis relatos comenzaron a ver la luz él me  sigue y guarda el email que le envié con la buena nueva.

Desde ese correo recibí su regalo y me quedo pensativa…Ya hay muchas señales que apuntan en la misma dirección.

Un Recital de Poesía tenía a mis pies.No lo dudé ni un instante y me confirmó  hora y  lugar.Al día siguiente a media tarde me diriji a ESCUCHAR EN SILENCIO como versaba la invitación.

Al entrar al lugar me sorprendió la cantidad de hombres y mujeres que estaban allí. Todas las personas rondaban los sesenta años para arriba.

Me senté en la mitad de la sala y antes de que empezara me limité a  observar todo lo que estaba a mi alrededor.

Las mujeres iban muy arregladas sin embargo ni muestra de joyas ni adornos  ostentosos ni superficiales; eso si todas llevaban una nota de color, en las medias, o en  un sencillo broche en un pañuelo anudado al pelo o dejado caer sobre los hombros.

Los hombres de muy diferente aspecto. La mayoría llevaba gorra o  sombrero que les otorgaba un aire muy distinguido y singular. Transmitían alegría, bien estar. Hablaban entre ellos y entre todos, los hombres con las mujeres y las mujeres con los hombres.

Desapareció por un momento el estereotipo  de los jubilados que se entretienen en un bar con su dominó, en las obras o simplemente frente al televisor dejando la vida pasar.

Aquí no: jamás había sentido tanta vida alegría ganas de compartir.

Llegó  el director un hombre de ochenta y dos años. Nos presentó a las dos poetisas. Hoy es “El día de La Mujer” dijo en voz alta…Sin ellas no estaríamos aquí.

Comenzó  la más joven su poemario se titulaba “Juegos de Sirena”…Me acordé de “La Vieja Sirena” el maravilloso libro de José Luis San Pedro…Y me dejé llevar por el recital.

Que cosas tan bonitas salen por esa boca me emociono me remuevo miro a mi alrededor. La señora que tengo en frente asiente como yo, el señor que está junto a ella asoma un pañuelo y seca sus ojos con disimulo. Parece que él también se ha emocionado.

Hay un silencio tan grande que corta la respiración…Acaba la sirena y comienza otra bella flor. Esta mujer debe tener cerca de los ochenta, coge sus hojas para leer; le tiembla la barbilla, sus manos parecen que están a punto de fallecer y cuando entona inspira y eleva su voz se calma con firmeza y decisión.

Recita sus poemas uno tras otro, ya no le tiembla la mano ni nada se mueve a su alrededor. Segura como una madre, fuerte como una roca y precisa como un bisturí. Nos regala sus versos nos atrapa en nuestro asiento y muy cerquita estoy de elevarme con ella a las nubes y dejarme mecer.

Nunca antes me había sentido tan dichosa y tan cercana a la vida con gente tan mayor. ¡Desde luego es toda una lección! La juventud no se mide por los años sino por las ganas de vivir. Hay personas con tan solo veinte años que se mueren cada día con treinta que deambulan en las tinieblas y aquí, cerca de los noventa parece que nacieron ayer.

Cuando  acaban de recitar, el director acude a saludar a mi acompañante. El me presenta y el buen señor me sonríe con esa fresca airada y dichosa boca.

Nos confiesa que a él la poesía no le gusta nada que está llena de adornos y que a sus años solo quiere la esencia nada de florituras…Me quedo perpleja parece como si no le gustaran sus compañeros  y antes de que acabe añade.

Sin embargo me encanta rodearme de poetas, escritores, gente con tanta ilusión me quedo asombrado de la fuerza que tienen de su gran sensibilidad  por eso me muevo muy cerca de  ellos me transmiten  siempre ilusión; son personas de otra pasta de otra planeta de otra ciudad…

Le miro a los ojos y me digo: así me siento yo.

Es increíble el regalo que me ha hecho mi amigo Juan, porque ya le quiero otorgar a mi “seguidor” ese lugar.

Nos despedimos del buen señor. Juan ha quedado con su hija de diez y ocho años en la Puerta del Sol. Le pregunto si quiere que le acompañe y así la conozco. Me responde  que si.

Nos vamos volando, de nuevo  ha comenzado a llover. Pasamos cerca de una manifestación, la calle está atestada de gente…Me encanta ese bullicio parece que hoy soy más grande que ayer…Saludo a su hija le doy dos besos le digo lo guapa que está.

Ella asiente con la cabeza lleva los cascos pegados a las orejas mira con desden a su padre…¡Es la edad pienso yo!

Me despido de los  dos y le vuelvo agradecer la buena tarde que he pasado. Les digo adiós. Me mezclo  entre la gente voy soñando soy la reina de ese baile, suenan las sirenas se escuchan voces a lo lejos me introduzco en el metro y ya en mi vagón…Saboreo lo feliz que soy…Lo segura que me siento y compruebo de nuevo mi dirección…

poesia abuelo

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2 respuestas a ¿Seguimos haciendo caso a las “señales”?.

  1. eliamendez dijo:

    Laura.

    Precioso lo que cuentas. La verdad es que el alma nunca envejece. Solo el envoltorio que la guarece se hace cada vez más pequeño y quebradizo hasta que vuelve a liberarse otra vez, es por eso que no importa los años que el pellejo lleve si la mente y el espíritu se mantiene joven.

    Muchas gracias por compartirlo…. Un abrazote grande.

    • lanuckas dijo:

      Gracias Elia por tus ricas palabras: “Que la mente y el espíritu se mantengan jóvenes…”.¡Que gran verdad! Esto es lo que yo sentí y viví en primera persona en ese precioso Recital de Poesía con gente tan mayor y TAN JOVEN..Un fuerte abrazo lleno de cariño.Laura

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