El hombre del agua.

Todas las mañana Verónica se levanta a las siete para ir a trabajar.
Pone el despertador ante de irse a la cama, riega las plantas de su terraza, refresca su casa con un pequeño pulverizador y justo antes de irse a dormir, sale al balcón y le pide a las estrellas que velen su sueño.

Últimamente no duerme bien. Hay algo que le inquieta.
Desde hace ya un tiempo, a mitad de la noche escucha un ruido extraño, como si alguien agitara fuertemente el agua de la piscina.

Esa piscina que por las tardes esta llena de niños que juegan con sus churros y nadan con su manguitos.
Madres que conversan con las mamás de los otros niños. Jóvenes que compiten para ver quien llega antes hasta el otro extremo.
Abuelos de estos niños que leen apaciblemente a las sombra de las sombrillas.

Ante este paraje relajado y aparentemente feliz; cuando llega la noche y en la piscina solo quedan las sillas de algún vecino y la iluminación del los focos que hay en su interior. Algo sucede y se transforma. El agua desprende un alo inquietante, como si alguien en las profundidades esperara la hora de salir.

De repente los focos se apagan y todo queda envuelto en una gran obscuridad y el silencio se hace negro gris azul y el alma se agarra a él con una gran intensidad.

Verónica no quiere pensar ni sentir y se va a dormir con su pequeño camisón y su vasito de agua reposando en la mesilla.

Sueña que está en un mar bravío y que las olas la agitan impidiendo que regrese a la orilla. Golpeada y arrastrada hasta el fondo; el miedo se instala en su interior y de un grito ensordecedor despierta a la realidad.
Enciende la luz y sale a la terraza a respirar un poco de aire. Alguien está ahí. Ella lo siente. Escucha unas veloces brazadas.
Le vence la curiosidad. Se pone una chaquetita blanca de algodón y baja de dos en dos los escalones que la conducen hasta el exterior.

Cuando tiene mejor visibilidad y agazapada detrás de un árbol observa la escena. Se trata de un hombre de mediana edad de cuerpo atlético y está completamente desnudo.
No quiere acercarse más, sin embargo hay algo que la impulsa a avanzar. De un salto el hombre sale del agua y se acerca a ella.

La lleva observando noche tras noche y estaba esperando a que fuera ella quien diera el primer paso.
La coge de la mano y con un suave gesto la desprende de toda su ropa. Besa su mano y aprieta con fuerza como si quisiera dejar grabado algo en ella…
La conduce a través de las cañerías y desembocan en un mar enfurecido de donde mi protagonista quiere salir…

Son las siete de la mañana. Verónica se levanta muy inquieta. No sabe bien que es lo que le ha ocurrido esta noche. Su cabeza le da vueltas. ¿Se tratará de un mal sueño o quizá no…?

Abre el grifo de la ducha y una vez frente al espejo comprueba que está completamente desnuda, en su mano derecha tiene un pequeño corte y se leen claramente dos iniciales: J y C.

Piscina Iluminada

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6 respuestas a El hombre del agua.

  1. LNA dijo:

    Que misterioso….me ha gustado mucho leerlo

  2. fredi58 dijo:

    Me gusta mucho tu relato Laura, me gustaría que continuase… Un abrazo

  3. Ricardo dijo:

    Las cosas sencillas siempre tienen su encanto, cuando se leen. Muy bonito

    • lanuckas dijo:

      Un placer tu compañía Ricardo.Toda la verdad en tus palabras y es que ya lo decía “El Principito”: “lo esencial es invisible a las cosas”…Y los placeres sencillos y cotidianos de la vida también.Un abrazo 😉

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