Marmi y Guelco, mis nuevos amigos.

Sábado 10:30 de la mañana. Suena el móvil y es Javier, el padre de Marco.
Necesita que le haga un favor. Su coche está en el taller y tiene que ir a unos grandes almacenes, para comprarle una cosa a su hijo. Es de carácter urgente y no me dice de qué se trata.

Eso, si. Que necesita que les vaya a buscar por la tarde, a una hora que esté bien para mi y que agradecería que llevara mi coche.
Dudo un momento, sin embargo tratándose de su hijo, no me puedo negar.
Confirmo la cita y a las seis de la tarde me paso a recogerles.

Marco me da dos besos y añade que me quiere contar algo fabuloso. Estoy deseando saber de que se trata.

Saludo a su padre y todos subimos al coche.
El niño de ocho años va detrás y su padre de copiloto a mi lado.
A Javier le gusta como conduzco.Que voy con soltura y decisión. Le doy las gracias y pongo rumbo a la zona comercial.

Marco no puede aguantar más y me transmite que tiene dos nuevos compañeros de juego. ¿De su urbanización? Le pregunto .Me dice que si y que no. No entiendo muy bien su respuesta y se echa a reír. ¡Ángela! exclama con un aire espontáneo e infantil ¡No son personas! ¡Son animales! Bueno, me parece bien, pueden ser dos amigos y no tienen porque se humanos. Le contesto.

No le des más vueltas y cuéntamelo…
Marco me echa una mirada de soslayo por el retrovisor, toca a su padre en el hombro y este le dice, que ya es hora de descubrir el secreto.
Vale: entonces ya se lo puede decir.

Resulta que el otro día me encontré en las escaleras del portal una salamanquesa. ¿Una salamanquesa? le pregunto un tanto desconcertada. Si.Me responde.
Sin que me sienta dudar, le digo que me encantan que son preciosas y que son una especie protegida. El niño agradece mi conocimiento sobre la fauna y prosigue el relato de cómo se hizo con especial ejemplar.
Me ayudó Miguel a capturarla, sin él hubiera sido imposible y la subí rápidamente a casa. Se la enseñé a mi padre que se puso muy contento, porque también le gustan mucho los animales.
Y por si fuera poco, le falto tiempo para hacerse con una caja de zapatos y hacerle una bonita casa.
Es más, me va relatando el infante tan feliz y dichoso que me hace sentir muy cerca de él.
Para que no estuviera sola.Y eleva con orgullo el tono de su voz.

Al día siguiente, mi padre, me trajo un Gecko ¿Y ese animal cual es? Le pregunto sin salir de mi asombro, ante el despliegue de reptiles, que tengo frente mi.
Parecido a las salamanquesa, lo único que varía es el jaspeado de su piel.
¿Sabes para que me lo regaló mi padre’?¿Para que? Le pregunto con cierta inquietud. Pues noto que el niño esconde algo emocional que no me quiere mostrar. Para que haga compañía a la salamanquesa y no esté sola.
Me parece una idea estupenda la que ha tenido tu padre.
¿Y como se llaman tus amigos? Si se puede saber.

Decidido y enérgico me responde: Marmi y Guelco.

Me imagino que son nombres sacados de los muñecos de algún comic o de esos juguetes que se descuartizan al tirarlos contra el suelo y luego se recomponen en medio segundo.O quizá algún personaje animado de la Nintendo..
No tardo ni medio segundo en salir de mi asombro, perplejidad, emoción si cabe; cuando el pequeño de apenas ocho años e hijo único. Me dice de donde proceden esos apodos.

Marmi viene de MAR-co y MI-guel y Guelco de mi-GUEL y mar-CO.
Lo dice con una naturalidad que me deja sorprendida y a la vez emocionada…Su padre que desconoce el origen, se echa a reír y le dice que no vea tantas películas. El niño no comprende muy bien a que se refiere y a mí lejos de parecerme una nimiedad como ha bautizado a sus nuevos amigos, le felicito de forma efusiva y le digo que me encantan, que tiene una imaginación desbordante.

El me mira muy contento y me susurra a modo confidencial, mientras su padre se entretiene mirando unas cajas de plástico más consistentes, para darles una vivienda más digna a los nuevos inquilinos.
Que con esos dos nombres, siempre tendrá, cada vez que los vea la imagen de su querido amigo Miguel, que es su mejor amigo y que gracias a él ya viven en su casa, porque le ayudó a cazar al buen reptil ya que él solo, nunca hubiese podido.

Phelsuma Madagascariensis Grandis

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