Un giro inesperado.

Voy tranquilamente leyendo, una mañana cualquiera de camino al trabajo. La lectura se me antoja muy interesante y no quiero que llegue mi parada.
Una voz interrumpe mi placentera lectura.
Cincuenta céntimos una chocolatina un euro tres…Levanto la vista y un chico joven, bien vestido, con buena presencia, no más de veinte y poco años.
Ofrece delicioso manjar para pagarse sus estudios. Va vagón tras vagón, intentando sacar algo de dinero.
No es un mendigo al uso. Viste ropa deportiva, una mochila al hombro, polo de color verde y pantalones vaqueros de marca.

Su actitud me confunde, porque no es la cotidiana, en el día a día, de la gente que va pidiendo desconsoladamente, triste, enojada y hasta en algunas ocasiones de forma violenta.
Me llama la atención, la energía que desprende y el buen talante que manifiesta.
Mi mente comienza a volar y mis ensoñaciones se convierten en una realidad… Seguro que lleva poco tiempo demandando esa ayuda, seguramente hace muy poco que está ahí.
Visualizo como estará dentro de un mes o quizá de dos; cuando no le queden fuerzas para continuar con lamentable actividad.
Adelgazará, su ropa ya no será tan vistosa y su energía se ira debilitando poco a poco.

Desgraciadamente ya me he encontrado con más de uno y de dos y la situación es siempre igual .Se agrava y se acentúa hasta que se vuelve insostenible.

Ya ha pasado al siguiente vagón y no puedo concentrarme de nuevo en mi lectura. Ando distraída, en otro lugar…
Por fin llega mi parada y al bajar del vagón le encuentro delante de mi.
De repente una señora de mediana edad se acerca al joven. Seguramente le irá a preguntar por alguna estación o donde debe de hacer el trasbordo.
Al llegar junto a ellos y como si de una voz celestial se tratara, le pregunta la buena señora cuales son sus estudios…
Me voy alejando, no quiero parecer indiscreta y lo último que escucho es: tengo algo para ti, toma mi teléfono, estamos buscando a personaza jóvenes y me ha gustado tu actitud. Creo que te pude ayudar…
Me detengo en el pasillo que accede a mi siguiente tren y siento un halo de felicidad. El violinista de los miércoles entona una preciosa melodía.

No le volveré a ver pidiendo, al revés, estoy segura que el destino le depara otro lugar, donde él pueda acabar sus estudios y con un trabajo remunerado, el día de mañana ser un abogado, un buen médico, quizá un gran bombero o simplemente un trabajador social.

Hoy me siento más dichosa y la vida acaba de empezar…

ayudar-a-otros

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5 respuestas a Un giro inesperado.

  1. LNA dijo:

    Tu tampoco has desfallecido y la vida te ha puesto en otro lugar. Igual que el muchacho. Lo que tiene que ser, es,
    si caminamos hacia ello, siempre desde nuestro lugar.

  2. fredi58 dijo:

    Una bonita historia…

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