No me gusta lo que veo en el espejo.

No me gusta lo que veo en el espejo…Miro hacia abajo y ya no me veo el pecho, me veo la tripa…Es terrible. Y por que te miras? Le pregunta Lucía a su madre de ochenta años.

¿Como no me voy a mirar si paso delante de él…? Pues simplemente girando la cabeza hacia otro lugar. Le responde su hija de cuarenta y siente años.
Bueno te voy a dar otra opción mamá. Cuando vuelvas a cruzar por delante de alguno de ellos, puedes hacerte el siguiente comentario: voy a intentar ponerme más derecha.

Porque todos los mensajes negativos, continúa Lucia con plena convicción, que te das, el cuerpo lo asume y te obedece…

¿Por que me dices eso…? Pregunta la madre asustada. Porque mamá: acuérdate con lo que te ha ocurrido a lo largo de tu vida en: la boca, las manos, la garganta, en los huesos de todo tu cuerpo…

La madre se queda pensativa y no quiere escuchar más, sin embargo siente que en las palabras de su hija, hay mucha verdad.

Lucia muy segura, continúa la conversación. Si no te gusta lo que ves tus, ojos te obedecerán y ya no podrás ver una de las cosas que más quieres en este mundo: que son a tus nietos, ni tu parque florido en primavera, ni a tu hijo salir con su precioso uniforme una mañana de domingo, antes de irse a volar…

¿Todo eso, te lo quieres perder?

La madre la mira con ojos reflexivos y un tanto asustados…Sabe que su hija tiene razón. Que nunca volverá a sus treinta años, ni a sus cuarenta y dos…Sin embargo; a pesar de sus ochenta y los que le siguen…Todavía lo queda mucha vida por delante.

De momento, puede caminar, eso si, con garrota que cuando llega el pequeño Juan, de apenas cinco años es lo primero que coge para irse a jugar. Todavía sus manos son capaces, de elegir esos pequeños pendientes, con su gargantilla a juego y colocárselos en su lindo cuello.

Esos collares que a su nieta María, le vuelven loca y no tarda ni un minuto, en cuanto viene a ver a su abuela, de entrar en su mágico cuarto y adornarse con todos ellos…

Seguramente después de pensar en todo lo que se pierde si no quiere ver, ni escuchar, ni andar , ya no vuelva a desear sentir no sentir, ni desear no ver, ni escuchar, ni andar con esa dura garrota y cada vez que note que su cuerpo ya no funciona, como años atrás. Le pedirá al señor, a dios o cualquier ser con poder en la tierra. Que le de mucha vida, para poder disfrutar de lo que más quiere. De sus cuatro hijos, de sus tres nietos y de la persona que la mima y al cuida con cariño y esmero. Que no es otro que a su querido esposo Antonio.

Y ahora cada vez que se mire en el espejo. Le dará igual su barriga, sus flácidos pechos y su lento andar…Recordará las palabras de su hija y se dirá…¡Hasta que mi cuerpo aguante! ¡No me voy a ir, de este maravilloso lugar!

anciana_y_el_espejo

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2 respuestas a No me gusta lo que veo en el espejo.

  1. Mª José Longoria dijo:

    Que bonita reflexión, ha hecho que me emocione. He sido abuela hace muy poquito y creo que una está más sensible. jeje

  2. lanuckas dijo:

    Que bonito lo que me dices..Felicidades por tu nueva posición familiar…seguro que descubres un montón de cosas buenas.un beso fuerte y Felices Fiestas 😉

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