Vamos a dejar de “correr”.

¡Vamos!¡Que hay que llegar a la hora!
¿Están ya los presupuestos hechos? ¿Cuándo vamos a quedar?
No me ha llamado en todo el día. ¿Estas seguro de querer ir a casa de tus padres..? ¿Has mirado el wasap? ¿A que hora es el pase de la película…???

Todo deprisa y corriendo. Obligaciones, compromisos, respuestas que esperan en el wasap.Tu pareja, tu hijo…Donde estás…?

¿Acaso sabes donde te encuentras? ¿Quieres hacer todo lo que te proponen? ¿Estas dispuesto a consentirlo todo…?

Deprisa, deprisa. Todo acelerado, todo a la vez.
Hasta que un día te levantas y dices STOP. No quiero seguir manteniendo este ritmo. Entonces dejas el móvil en casa, aparcas el coche y te bajas una estación antes para ir al trabajo.

Te permites llegar con quince minutos de antelación. Observas a la gente, andar o correr por la calle. Con sus cigarros, móviles, paraguas a medio abrir o a medio cerrar. Y tú caminas despacio muy despacio. Observas los edificios, sus ventanas, puertas.

Te das cuenta de la cantidad de coches que están aparcados. Del chico que va en bici por mitad de la acera. Del turista que no para de hacer fotos, sin apenas fijarse en lo que ve, porque no ve, solo hace fotos para guardarlas en su cámara digital, sin apenas disfrutar del paisaje.

No quiero estar en el paisaje, quiero disfrutar de él y me subo, de un salto, al reloj de la Puerta del Sol. George Cloony se encuentra tomando un café sobre la fachada de un edificio; me invita con esa mirada seductora. Le digo que si, pero que suba hasta el mísmisimo reloj. Sube al instante y ahí permanecemos los dos en silencio. Saboreando el rico café que ha traido.

Con su mano derecha acaricia la mía, me dice que tengo las manos frías. Le respondo que si. Aunque el café y la compañía harán que subo de temperatura. Le respondo con un guiño. El sonreí con esa sonrisa picara y seductora.
Me pregunta que si llevo prisa le digo que ninguna, porque he parado mi reloj. Entonces me coge con fuerza y volamos sobre los tejados del centro de Madrid.

Aterrizamos sobre la Puerta de Alcalá. Los ángeles que la custodian nos regalan un par de alas para que sigamos volando …
A mitad el viaje, George me deposita con mucho cuidado sobre un banco del Retiro. Me dice que cierre lo ojos. Besa mis labios, acaricia mi cara.
Le doy las gracias por el paseo, me regala su ala y me dice en un susurro…Laura: de aquí al cielo solo tienes un paso.
Le doy las gracias y me despido de él. Algo siento en el interior de mi mano, al abrirla una linda mariposa ha dejado otra de sus alas .Junto con la de mi amigo ya tengo dos alas para continuar el camino.
La mañana no ha hecho nada más que comenzar.

Me pongo el reloj y nos son más de las diez…

PARAR Y SENTIR

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Reflexiones. y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Vamos a dejar de “correr”.

  1. Mª José Longoria dijo:

    Jo, lo has explicado tan bien que por un momento me he visto con George. He soñado despierta jajaja

    • lanuckas dijo:

      Me alegro MªJose que te hayas permitido sentir que estabas con George…Si es que ha estado durante todas las navidades un pedazo cartel que cubría todo el edificio de mi trabajo , con george anunciando su famoso carfetito…Y el ha sido la inspiración para este post.Aprovecho para desearte un buen año.Un abrazo 😉

  2. fredi58 dijo:

    Me encanta tu reflexión Laura… deberíamos tomarnos tiempo parsa soñar más. Un beso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s