Que viva el AMOR.

Y digo AMOR con letras mayúsculas porque es el único amor que conozco, que he aprendido, por el que me he dejado llevar. Hasta tal punto que la vida, mi vida, se ha convertido en otra desde un mundo diferente y no por eso menos real.

La vida se nos presenta como es. Y tu decides si la quieres vivir así o de otra manera; más fácil mas tranquila, resuelta y también, porque no, más distinta y diferente.

Aprender a descubrir que siempre al otro lado, hay algo mejor, por muy pequeño o grande que sea y que si somos capaces de permitirnos sentir, eso que te remueve te atrae y te deja un buen sabor de boca. ¿Por que no convertirlo en algo diario cotidiano , algo que te da fuerzas y te ayude a avanzar hacia lo que tu y solo tu quieres y deseas?

El otro día mi querido amigo Manuel. El alma de la casa donde vivo. Me decía que cuando más pequeño eres, más capacidad tienes de amar porque no estas contaminado por los agente externos que anidan en el ser adulto.
Sentí que quería contarme algo especial y le deje hablar.

Me pregunto si conocía a Hugo .Claro: le respondí. El hermano de Sofía, los hijos de Irene. ¡Como te los conoces a todos! Normal. Ya sabes que me ENCANTAN los niños.

Prosiguió su relato. Este pequeño de tan solo dos años. Cuando me vio cargado de cartas para entregar en los buzones de todos los vecinos. Se me acercó muy diligente y en ese lenguaje tan especial que solo se tiene a esas edades. Me pregunto que porque él nunca recibía cartas.

Me dejo pensativo y al ver su cara tan triste le respondí que eso no podía ser. Le acompañe hasta su portal y le dije que me indicara cual era su buzón. Sabía perfectamente cual era y ahí con su pequeña manita me lo señaló.

Bajé a su altura, le mire fijamente y le prometí que le pediría al cartero que mañana sin falta le enviara una misiva a Hugo mi querido amigo.
El niño se fue muy contento de la mano de su mamá.

Al día siguiente, a media tarde corriendo vino como una flecha, a contarme que por la mañana muy temprano, su madre le había acompañado al buzón, que le había dejado abrirlo a el solo y ahí mismo en un sobre azul como el mar, estaba escrito en letra grande su nombre.
El niño lo abrió y su madre paciente y expectante le había leído la carta que durante tanto tiempo esperó.

Mi querido Manuel, le había escrito un pequeño cuento de un dulce dragón, que tuvo que cortar su larga cola, para poder subir al cielo y recoger una hermosa flor que curaría a su hermana del mal del mal amor.

Probablemente el niño no entendió muy bien el cuento o quizá si; sin embargo sintió que su deseo pequeño como él, se había transformado en algo muy grande que le había penetrado el corazón.

Me di cuenta que la ilusión del niño había traspasado a Manuel.
Le abracé y le dije en un susurro, que había hecho algo muy grande.
Nos tocamos de cerca el corazón y de puntillas le dije adiós.

amor2

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