Una receta diferente.

Sábado por la tarde, me dispongo a cocinar un rico pollo al limón y cuando estoy buscando todos los ingredientes compruebo que me falta uno de los principales: la cebolla.

Son las ocho de la tarde y no me apetece vestirme para salir a comprar, así que doy un visual mental de los vecinos que tengo.

Subo al primero, llamo al timbre y me recibe el pequeño de la familia.Jaime de tan solo cinco años, abre la puerta con una sonrisa de oreja a oreja; no me da tiempo a dar ni las buenas tardes y aparece como un hada encantada la mayor, mi tocaya Laura.

Los dos se pelean verbalmente por contarme todo lo que han hecho en el día. Les escucho sin pestañear.

Al instante surge como de la nada la madre de los pequeños, la dulce Isabel. Una mujer encantadora donde las haya. Insiste en que no me quede en la puerta y me invita a pasar.

Se excusa del desorden que tiene y yo de todo corazón le digo: en las casas que están impolutas no existe la vida….En el resto sí. Agradece mi cumplido y se echa a reír.

Por fin me dan un respiro y consigo pedir la cebolla.
La madre corre a la cocina, le digo que con media me apaño, ella la parte con una destreza de gran chef y me dice que está comprobando su estado porque últimamente están un poco mustias. Le agradezco el detalle.

Los niños, en el impasse de la espera, comienzan a enseñarme todas las manualidades que han hecho en el colegio: un barco enorme de cartón que ya les gustaría a los mismísimos piratas. Me quedo embelesada de lo bien construido que está, entonces del fondo del pasillo aparece el padre de los pequeños. Y añade que en algo ha contribuido él. Jaime asiente con orgullo la fiel compañía de su padre. Luego viene el marco de fotos realizado con papeles de vivos colores. Me parece precioso…

Se está haciendo tarde y el pollo me espera. Ya estoy atravesando el umbral cuando aparece Laura con un pequeño delfín de un color verde agua que da gusto verle y tocarle. No se muy bien que es y me dice que es jabón. Una pastilla de jabón que han realizado por la mañana.

Me quedo asombrada de lo bonito que es y de lo bien que huele pero…¡Jaime no se queda atrás! y me obsequia con una esplendida concha marina. Me corrige y me dice que es un fósil. Ah! Ya me parecía a mi.

Los padres sonríen y al unísono insisten en que me los lleve. A mi me da un poco de apuro, sin embargo los niños se muestran encantados de que me lleve su recuerdo.

De vuelta a casa compruebo que la cebolla es lo de menos. Porque vuelvo cargada de caricias, de un amor inmenso; simbolizados en un delfín que ya juguetea y da brincos en la bañera y de un fósil que he convertido en caracola y que por las noches me susurra al oído el dulce y placentero silencio del mar.

delfin 2 jabon

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2 respuestas a Una receta diferente.

  1. Laura Bueno dijo:

    Hola Laura, soy tu vecina Laura. Es muy bonito lo que has escrito sobre aquel día. Espero que el jabon te guste. Si vienes otro día te puedo enseñar más cosas que hemos hecho.
    Un beso, Laura

    • lanuckas dijo:

      Me alegro Laura de que te guste mi post.Y soy yo la que te agradezco de todo corazón el rato tan estupendo que mi hicisteis pasar y lo feliz y dichosa que volví a mi casa.Gracias a ti preciosa.

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