El bambú comienza a crecer.

Aquí de nuevo. Una tarde más frente a la hoja en blanco, que está deseando llenarse de sensaciones difíciles de explicar, porque hay cosas que solo se pueden vivir.

Como sabéis me encanta montar en bici y casi siempre me toca hacerlo sola. Mis amigos tienen compromisos, responsabilidades o simplemente no puede ser…Sin embargo como todo lo bueno que sucede en la vida, que suele surgir casi por casualidad aunque dicho sea de paso, para mí las casualidades no existen, sino todo lo contrario.Hace un par de semanas me ocurrió algo singular.

Cuando iba tranquilamente circulando por el carril bici. En una mañana soleada, con mis pantaloncitos de ciclistas a juego con mi top; bronceándome al tiempo que ejercitaba mis piernas y mi corazón. Apareció como de la nada, un hombre maduro, adulto y valiente, que se acercó a mí. Por supuesto después de varios intentos fallidos…Jajaja ( tenía que sentirme segura y no quería precipitarme).

Viendo el interés que tenía por compartir el paseo, me permití el ofrecimiento y nos hicimos el trayecto juntos. Hablamos sobre todo de lo relacionado con la actividad que hacíamos.
Fue un camino muy agradable , en el cual descubrí que no era un ciclista cualquiera sino que se trataba del presidente de una federación de ciclistas, que salían todos los fines de semana a hacer rutas por la montaña con un montón de personas.

Se ofreció a que les acompañara en la siguiente salida y prometió presentarme a todos los compañeros y a que mi aventura fuese lo más grata posible. Me despedí de él al llegar al término de mi recorrido y nos volvimos a ver pasados unos días, en la tienda que el regentaba. Me explicó la ruta, me presento a otros aficionados y nos fuimos todos juntos a tomar unas cañas.

El pasado domingo puntual llegue a mi cita, con mi bici a punto y con mi cuerpo, mente y corazón también,
Me fui con la ruta de mi nivel (la verde) aunque él ya había vaticinado que estaba casi en la azul ( justo la que le sigue en dificultad).Después está la roja y por último la negra.

Éramos diez personas mitad hombres y mitad mujeres. Me gusto encontrarme con ciclistas de mi mismo sexo. La subida fue dura, sin embargo en todo el trayecto iba de la mitad del pelotón. Eso me gustó y me dió ánimos para continuar, en la segunda subida ya iba de las terceras…La emoción crecía y al llegar a la cima ya solo quedaba la bajada.

Parece algo sencillo, sin embargo quiero deciros a los que no practican este deporte que aunque parezca más fácil el descenso no lo es. Por una sencilla razón. La velocidad que se alcanza cuando bajas la pendiente, tiene que ser controlada y aquí el miedo juega un papel muy importante que solo se vence con confianza y con la destreza y dominio que uno tenga, no solo de su cuerpo sino también de su mente y añadiría, de su corazón.

Por eso aquí no ocupé las plazas intermedias, sino que estuve entre el segundo y el tercer puesto a veces incluso tuve que frenar, para no adelantan al monitor que iba a la cabeza.

Que sensación tan maravillosa que llena de poder y de seguridad sentí en esos momentos. Y cuando llegamos a la explanada una sensación de libertad recorrió todos los poros de mi cuerpo. Y cual fue mi sorpresa al comprobar, la empatía de mis compañeras, que sin conocerlas de nada, una a una me felicitaron por mi osadía, incluso uno de ellas me dijo que era su heroína. Todas estas chicas ya llevaban como mínimo una año en el club y yo la nueva que acababa de llegar.

Por supuesto los monitores no solo de mi grupo, sino los de la ruta azul, corrió la voz y veloces vinieron también a felicitarme. Solo les daba las gracias y les repetía una y otra vez lo contenta y feliz que me sentía. Me miraban con asombro y quizá con cierta perplejidad.

Me sentí feliz como una niña, sin embargo lo más importante fue comprobar que lo que haces muchas veces solo y muy bien hecho. En compañía sabe mucho mejor y que todo en la vida llega a su tiempo, que las señales existen, que a todos nos tocan.

Sin embargo hay que estar muy atento para que no pasen de largo y permitir que se posen en ti, apostar y coger ese tren con ese osado maquinista, que hace unos días en mi caminó se paró y disfrazado sobre una bici, con su equipación de ciclista y su casco protector, su mano me ofreció.

Seguramente ya no vuelva a montar sola y me quede con la compañía de las buenas personas, que día a día aparecen en mi camino.

la foto 2

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2 respuestas a El bambú comienza a crecer.

  1. LNA dijo:

    Enhorabuena!!! Siempre hacia delante.

  2. lanuckas dijo:

    Siempre ADELANTE,ADELANTE…Es la única manera.Me alegro que lo compartas y que lo disfrutes 😉

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