Quitarse el disfraz.

Así se levanto el otro día mi compañera de viaje y de vidas, mi querida Alejandra.

Con un cuerpo que no era el suyo y en la cabeza una sensación de resaca impresionante.

Se miró al espejo antes de meterse en la ducha y observó que su cuerpo había cambiado. Su pelo, cara, pechos, caderas.
Ya no era la misma y no sabía muy bien, que era lo que le había sucedido, durante  aquella noche.

Recordó que a eso de las doce se acostó, revisó por última vez su wasap y se durmió plácidamente. Los sueños que se sucedieron no dejaban de ser parte de su vida.

Soñó que tenía que fotocopiar unas hojas y hacerlo a modo de que quedaran como un libro y la profesora mostraba a los alumnos, la manera de economizar en papel, a la hora de imprimirlo. Cuando fue a por sus apuntes se dio cuenta de que habían desaparecido. No le dio importancia, al revés, pensó que así alguien haría por ella su trabajo. Era evidente que  los habían tomado prestados…
No se agobió, ni se inquietó, como otras veces en sueños muy similares.

Después soñó con mucho sexo o más bien con escenas un poco tortuosas, de hombres y mujeres manteniendo un contacto íntimo violento y salvaje. Había sangre y mucho dolor…

Hacia un par de semanas, que después de haber llevado su pelo durante mucho tiempo, de un rubio platino muy intenso, había decidido volver a su color. Un castaño cobrizo lleno de matices. Que le daba un aspecto más juvenil, tranquilo, limpio y sosegado.

Se había quitado el disfraz y la misma noche que se atrevió a dar ese gran paso, delante del espejo lloró , dándole gracias a dios por atreverse a decir: NO.

Esa vez, solo vio su exterior, el cambio de color que afectaba a los rasgos de su cara; sin embargo aquella mañana cuando se miro de nuevo al espejo, se enfrentó a lo más profundo de su corazón.

Toda ella había cambiado, se sentía más mujer, más poderosa. Aunque también se sintió invadida por un miedo lejano y al mismo tiempo cercano y reconocible.

Fue consciente por primera vez que durante mucho tiempo, había actuado bajo un disfraz y ahora que había tenido la enorme valentía de quitárselo, le tocaba mirarse de frente, no agachar la cabeza y enfrentarse de nuevo a la vida con mucho coraje y valor.

¡Que vivan las mujeres reina! No las de peineta floja que los hombres manejan a su antojo y ellas se dejan llevar.

¡Que vivan las mujeres que saben muy bien lo que quieren y no necesitan ningún bastón para caminar!
Sin estar de más;si  un noble caballero que les acompañé en el sendero y si hace falta les ofrezca su mano, para cruzar ese río lleno de vida, que está deseando que seres valientes lo atraviesen y beban de su fresca agua, tan importante para hidratar el cuerpo, el alma y algo más que solo unos pocos tienen y son capaces de mostrar.

quitarse el disfraz

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4 respuestas a Quitarse el disfraz.

  1. LNA dijo:

    Ser uno mismo, por encima de todo. Claro que si!

  2. Mª José dijo:

    El sistema nos ha tenido bastante reprimidos y ya va siendo hora de dar mas valor a las personas y alcanzar la libertad que todos nos merecemos. Siempre estamos a tiempo de cambiarlo si verdaderamente lo deseamos, aunque algún@s no nos entienda. Ya lo entenderan.

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