Gracias por la ayuda incondicional.

En una mañana soleada, me dispongo a reposar mi recio desayuno en un fin de semana que promete y me interrumpe el ruido insistente de un insecto.

Me levanto y de forma instantánea, me dirijo a la cortina que protege de los rayos de sol y del intenso calor que hoy sábado promete Madrid.

No tardo ni un segundo en comprobar que se trata de una linda avispa amarilla a rayas negras,(especifico su color porque se me antoja que haya de diferentes colores).Lucha incansablemente por salir de la situación desesperante en la que se encuentra.

Se golpea una y mil veces contra el cristal , intenta por todos los medios a su alcance salir de ahí y no lo consigue.

Obviamente, diríamos en un alarde de espontaneidad: no tiene la “inteligencia” de los humanos para resolver el laberinto donde se ha metido.

La sigo observando con atención y veo que lo que hace, muy a mi pesar es similar a lo que hacemos nosotros en muchas ocasiones: repetir y repetir una y otra vez la misma situación. Caer una y mil veces en el mismo agujero y no parar hasta que pierdes la fuerza y no puedes más.

Me gusta observarla y justo en el preciso instante que soy consciente de que no saldrá de ahí y se quedará atrapada; me doy cuenta de que nosotros, los humano cuántas veces hemos presumido de nuestra inteligencia y ahí en ese critico momento, donde la avispa va a desfallecer me doy cuenta de que a veces somos tan insignificantes, como cualquier otro insecto y nos comportamos: como ratas de alcantarilla, ratones que dan vueltas a la misma rueda una y mil veces o asustados pajarillos, que al mínimo ruido salen volando.

Me comparo con la avispa que tengo frente a mí y la observo con suma atención. Soy la única persona que la puede ayudar a salir de ahí .Por supuesto no la quiero hacer daño. Quiero que consiga su libertad con su cuerpo integro y conservando su aguijón, que se que no me va a picar, su estrategia no va por ahí.

Una, dos y tres. Cuento deprisa, para que su agonía acabe de una vez. La envuelvo en la cortina para protegerme y no me clave su alfiler,por si acaso. Y de una sola vez, la lanzo por la ventana abriendo la tela y dejándola ir.

La avispa ya vuela serena; ha recompuesto su cuerpo, orientado sus antenas, sacudido sus alas .Le digo adiós con la mano. Me hace sentir bien.

Ojala cuando nosotros estamos en apuros, alguien nos dé un empujón, oriente nuestras vidas, sacuda nuestros miedos y recomponga nuestro cuerpo para continuar el camino. Más sabios, más fuertes y más felices hoy, por haber vencido el obstáculo y no haber vuelto a caer.
Gracias a todos los que están ahí, dispuestos a que el mundo avance más feliz.

avispa

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