Que pienso cuando corro.

La semana pasada acabé de leer una de las obras más famosas de la literatura: “Robinson Crusoe” (Daniel Dafoe-1719). Lo leí en mi adolescencia por primera vez y no le debí prestar demasiada atención (considero que es un libro que hay que leer al menos dos veces en la vida, una en la juventud y otra en la edad adulta) porque convencida estaba de que al final se moría solo en la isla, cuando cual fue mi sorpresa al comprobar que volvía a la civilización y ahí iniciaba una nueva andadura.

Me gustó mucho esta segunda lectura. Más tranquila relajada con infinitos momentos de reflexión y ciertas pausas que me obligaba hacer, ante lo novedoso e interesante que era lo que leía

Como una persona cuando se encuentra sola, es capaz de obtener recursos utilizando de una forma creativa y positiva su imaginación.

Como consigues salir adelante cuando no te queda otra opción que sobrevivir y como poco a poco las cosas van encajando ordenándose y el mundo confabula a tu favor.
Por supuesto que al protagonista de esta novela no le viene todo del cielo, ni muchísimo menos .Trabaja duro día a día, sin embargo su actitud positiva el esfuerzo, la tenacidad y el empeño que pone en todo así como una motivación increíble por superarse , hacen que los resultados sean buenos para él.

Podría hablar mucho más de lo que he sentido leyendo este libro; sin embargo quiero mencionar otro que he comenzado hace escasos días. Es de mi querido y admirado Haruki Murakami y su título versa: “De que hablo cuando hablo de correr”. En resumen para los que no lo habéis leído, os diré a groso modo que se trata de la experiencia que tuvo el autor cuando inició su carrera como corredor de maratones y como este deporte influyó en su vida.

A simple vista parecen dos libros muy diferentes. Sin embargo según iba avanzando en el segundo. Iba comprobando la similitud de ambos.

El primero: un hombre solo sobreviviendo en una isla desierta y en el segundo un hombre solo corriendo y preparándose durante todo un año para la maratón del siguiente año. Sin entrenador ni compañeros; así lo decide y así lo hace.

De ambos, me quedo con lo importante que es: escuchar tu interior. Esos momentos íntimos que nos cuesta tanto tener y que son tan importantes en nuestras vidas.

Al primero no le quedó otra opción, el segundo lo decide de forma voluntaria. Porque correr en solitario como montar en bici uno solo; no deja de ser momentos de escucha interior. Aunque creamos que no pensamos en nada relevante, lo cierto es que siempre hay algo de conexión interior.

Es difícil, complicado, hasta da mucho miedo conectar con esa parte de ti .Preguntarle a tus tripas y a tu corazón como se encuentran, ahí eres tu el que te das la oportunidad, por el contrario en otras ocasiones. Cuando aparece sin avisar, es ella la que te habla y aquí eres tú en primera persona el que tienes que abrirle la puerta y pararte a escuchar.

El momento es complicado, difícil y a veces amargo; sin embargo una vez superado el primer paso, lo siguiente llega rodado.
Concederte todos los días veinte minutos en tu particular isla desierta es una buena manera de saber qué es lo que ocurre dentro de ti y que necesitas para conseguir estar más a gusto y feliz.

conectar con tu interior

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