El pirata de pata de palo.

Hay desencuentros inesperados que ocurren en nuestras vidas. Que te descolocan, desestabilizan y lo peor de todo es que no los ves venir.

Te encuentras indefenso y según estás recibiendo el chaparrón de noticias, el lamento se arroja sobre ti como un cubo de agua fría y recuerdas en ese preciso instante la crítica inoportuna de cómo te mostrabas ante los demás.

Te das cuenta de lo débil, frágil y vulnerable que eres.

Muchas veces utilizamos un disfraz transparente que no se ve por fuera pero por dentro está hecho a la perfección. Tu si eres consciente de que lo llevas cuando de repente, comienza a picarte la cabeza por la peluca, el peso de las botas te deja sin músculo en las piernas y la espada de pirata, con el parche de trapo en el ojo ya no funcionan, ni son tan eficaces como al principio.

Esa peluca no es de tu color real. Las botas que calzas son de un número mayor y pesan una barbaridad. La espada no es de un noble metal y el parche que llevas en el ojo comienza a clarear.

Entonces aparece ante ti algo que siempre te dio vergüenza mostrar. Tu verdadero “yo” con sus debilidades, carencias, miedos. Tu “yo” más primitivo y singular.

En ese momento te preguntas como puedes comenzar a caminar en el nuevo mundo que se abre ante ti y solo de pensarlo se paraliza tu cuerpo, el alma y tus zapatillas para emergencias dejan de caminar.

La bofetada es tal, que lo primero de todo lo que quieres hacer es huir, intentar calmar ese vacío interior. Sin embargo surge un impulso que te permite bajar a ese túnel obscuro y preguntarte: ¿Para qué estoy aquí y que es lo que él quiere de mí?

La espalda se agarrota, el útero comienza a latir y una fría llave aparece sobre tu almohada, que es la única que te puede ayudar a salir.

Agarras firmemente esa llave, confías en lo que va a venir y si todavía te quedan fuerzas para continuar el camino y no volver la vista atrás, seguramente no sea tarde para lograr todo lo que te mereces y de una vez por todas traspasar ese fina y vertiginosa línea que separa la verdadera vida, del apacible estado de confort que tanto nos engaña nos paraliza y nos hace sentir que ese es nuestro verdadero hábitat y de ahí no debemos salir.

Por eso para alcanzar aquel lugar que todos soñamos y muy pocos se atreven a descubrir, hay que ser muy valientes, participar en duras batallas con ogros malvados, dragones que escupen bolas de fuego y un sinfín de duras situaciones difíciles de describir .

Pero una vez llegado el momento, por fin aterrizamos en el paraíso de los elegidos y comenzamos a disfrutar de la vida, sin miedo a los riesgos, apostando por ti mismo y con la visión clara de que ahí, es precisamente donde te quieres quedar.

pirata2

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4 respuestas a El pirata de pata de palo.

  1. LNA dijo:

    Que bonito…que bien expresado

  2. lanuckas dijo:

    Lo que pesa la pata, el parche en el ojo, la peluca…Adios por favorrrr!!!!Me alegro que te guste…Es la única forma de quitarse el “disfraz”.

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