Moverse por la vida desde un sano lugar.

He conocido a tres personas esta semana pasada. Una detrás de  otra y en un breve espacio de tiempo.

La primera me la encontré en un parque cuando salía a patinar. Ya la había visto más veces. Era un hombre pasado los cincuenta de complexión atlética, andares resueltos y con la piel muy bronceada. Siempre que le veía estaba tumbado sobre el césped tomando el sol. Iba a cuerpo descubierto con un corto pantalón y una gorra roja con la visera hacia atrás. Un día se acercó a la hora de marchar y se despidió con un “hasta luego”. Le respondí con un escueto “adiós”. Al día siguiente nos volvimos a encontrar y justo cuando me marchaba muy diligente vino hacia mí. Me preguntó si me iba para casa, le dije que sí y se ofreció a volver juntos al aparcamiento donde estaban nuestro coches.

Me quedé sorprendida de lo tranquila, fluida y sincera que fue la conversación que mantuvimos durante casi una hora.
Hablamos de cosas que nos gustaban hacer pero sobre todo del interior. Me confesó el miedo que tenía de compartir lo que le angustiaba, de cómo sentía la vida y que no quería seguir así. Le dije que pidiera ayuda profesional y me contestó que lo que más le aterraba era visualizar el momento de desnudar sus miserias. Le hice ver que de alguna manera ya lo estaba haciendo. Se quedó parado me miró a los ojos y de corazón expresó lo fácil que era comunicarse conmigo, que transmitía mucha paz, tranquilidad, confianza y que derrochaba una energía positiva increíble.

No despedimos con un hasta luego. Ya me había confesado que venía todos los días al parque, así que ya sabía donde volverle a encontrar.
Me lleve ese regalo a casa y me sentí genial.

Al día siguiente ocho de la mañana camino del metro, con mi bici acuestas para hacer la ruta por la Casa de Campo. Se abren las puertas del vagón y me encuentro a otro pasajero con una bici como yo. Nos saludamos con unos amigables buenos días. El me mira sorprendido y a la vez le siento encantado de compartir hobby en tal peculiar lugar.

Nos miramos de soslayo y soy yo la que comienza a hablar.
El va hasta Goya, yo me bajo al final. Se dirige al trabajo, tiene la suerte de utilizar un vehículo que no contamina y que con él mueve el corazón. Su bici es preciosa, de diseño al estilo vintage. Con un sillín de cuero marrón a juego con los manguitos del manillar. Toda su estructura es de aluminio mate y lleva un timbre de los antiguos. Dice que es su niña mimada y que la tiene un cariño especial.

La conversación fluye de forma tranquila, relajada, como si fuéramos dos amigos de toda la vida sentados en un bar. Se despide al llegar a su parada. Percibo que a él también le hubiera gustado continuar sentados en un bar acompañados de un rico café.

Y como no hay dos sin tres. Justo este mismo sábado con el grupo de la bici conozco a una mujer muy especial. Deportista, menuda, fuerte, pizpireta y que habla una barbaridad. Al principio no me siento muy cómoda, pero al comenzar la ruta y ver su gran dificultad. Me acompaña en todo momento. La siento muy cerca de mí. Su mano cercana en cada una de mis caídas. Dándome al mismo tiempo todo mí espacio y libertad.

Al finalizar el trayecto se despide. Me dice que soy muy fuerte y que encantada de volver a compartir conmigo una ruta la próxima vez. Estoy tan cansada que me cuesta responder. Le digo que sí. La emoción por el esfuerzo y por la gran complicidad hace que me entren ganas de llorar.

Me abraza me coge de la mano y me dice que no llore, que guarde las fuerzas para otra vez. La veo alejarse con una gran sonrisa por el andén de la estación…Con la mano le digo adiós.

Y yo me pregunto: ¿Estas “cosas” que me suceden son de verdad? Si, Laura.Sientes a la personas muy cerca de ti porque te mueves por la vida desde un sano lugar, con confianza, tranquila y con mucha seguridad. Sin esperar nada a cambio, simplemente aparecen y tú te dejas llevar. Felicidades una vez más.

marta y yo

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2 respuestas a Moverse por la vida desde un sano lugar.

  1. María dijo:

    Muy bonito lo que escribes, Laura. Ese tipo de encuentros hacen que la vida se convierta en una auténtica aventura. Un abrazo, guapa.

  2. lanuckas dijo:

    Gracias María.Me sale del corazón y lo que me ocurre en la vida debe ser el resultado de
    verla y sentirla de esta manera.Me alegro que te guste como escribo y de que te identifiques con ello.Un fuerte abrazo.

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