El sueño.

Hoy Sofía ha tenido que madrugar mucho porque tiene que coger un avión para dar una conferencia fuera de su ciudad.

Lo hace encantada, le gusta volar, se relaja y dice que le ayuda a poner en orden sus pensamientos.

No le da tiempo ni a conocer a su vecino de asiento. Ha sido ponerse el cinturón y un sopor enorme la introduce en un sueño profundo. Es algo normal en ella, duerme sin problemas en cualquier sitio y vaya donde vaya.

Ha quedado con su madre para merendar. Hace tiempo que no la ve y cada día lo lleva peor. Tienen las dos mucha complicidad. Es la menor de cinco hermanos y todos varones. En aquella época Sofía no tenía pareja y su madre siempre andaba con la misma canción. ¡Sofía cariño déjate querer!!!Ella se reía porque con Julián, su hijo, ya era suficiente.

La madre llega puntual a la cita. Está muy deteriorada, los años de costurera han dañado mucho su espalda y aunque luego llevó una vida de condesa; su osteoporosis, los cinco embarazos y la caída cuando era niña de un caballo. Le hace ir completamente encogida.

Sofía cuando la ve llegar se estremece. ¡Madre mía lo que era y como está! Si se paraban los coches cuando la veían pasar. Exclama, chilla, se remueve para sus adentros.

La besa, la abraza…Se la quiere comer.

Que guapa estas hija mía y cuanto te favorece ese chaquetón .¿De cuándo es? ¿Te lo acabas de comprar? Parece nuevo. Ay madre: siempre estas igual…Si lo tengo desde hace un montón…Se echan e reír las dos.

Ya en el café su madre le dice que le ha costado llegar un montón, que se ha encontrado con una manifestación y le han hecho bajarse del autobús y ha tenido que subir toda la calle Goya a pie. Y muy decidida le dice que la vuelta la hace  en el metro. Un taxi no, que no quiere ir ahí repanchingada en un asiento, lo que quiere es moverse y andar. Si es que es toda una muestra de voluntad. Piensa Sofía según la escucha y la ve encogida caminar.

Comienza la interrogación. Los pretendientes que tiene y por cual se va a decidir. Sofía con su móvil le enseña a Juan. A su madre no le gusta dice que es muy mayor. Pero mamá si solo me lleva tres años. Ya hija mía pero es que tu aparentas diez y seis…Venga mamá no seas exagerada. Luego le enseña a Antonio. Ese le gusta más .Dice que parece un galán de cine. Mamá tu nunca cambiaran buscando parecidos.

Y así entre café y café pasan la tarde las dos. Ya le ha contado todas las historias de sus cinco hermanos con sus respectivos sobrinos y estupendas y santas  cuñadas.

Se hace tarde y es la hora de irse. Le abre la puerta para que pueda salir. Tan guapa como siempre, su abrigo rojo con  fular gris, el bastón en su mando derecha y un bolso precioso, que le regalo su querido hermano Paco, de piel marrón a la izquierda.

Hace años eran igual de altas. Ahora su madre la mira dese abajo con su cuello torcido, sus manos agarrotadas, sus pies torpes…  Pero esa voluntad de hierro que tira de ella como si fuera el pájaro más ágil y el felino más veloz. Sofía va con paso decidido pero tiene que aminorar la marcha.

Su madre no puede ni respirar. Le cuesta andar, se esfuerza por seguirla y mira a su hija recordando lo que fue, con cierta envidia y desdén. Eso lo siente Sofía en su corazón aunque hace ya mucho tiempo que la perdonó.

Se ha empeñado en volver en metro y no la puede convencer. Bajan escaleras, no funciona el ascensor. Parece mentira con lo mayor que es y lo lenta que va como se las apaña para bajar. Se agarra con su mano derecha a la barandilla y a la izquierda el bastón y el bolso bien sujeto, no se los vayan a robar. Sofía va a su lado muy atenta, le recuerda a su hijo cuando se empeña en bajar las escaleras él solo y no se te ocurra agarrarle de la mano porque se pone a chillar.

Por fin llegan a su estación, el metro se detiene abre sus puertas y Sofía se despide de ella. Espera que se siente en el vagón. Con esos ojos azulísimos  y aun llenos de vida, le dice adiós. Mira con orgullo a su hija y le desea de corazón que todo le salga bien.

Sofía le lanza un beso con la mano y no espera a que el metro retome la marcha.Se gira  decidida sin volver la vista atrás. Se le ha hecho un nudo en la garganta y está a punto de llorar. Sin embargo respira, toma aire y decidida como ella sube las escaleras.

Ya va a aterrizar se despierta de su sueño. No sabe muy buen donde está. La madre sentada a su lado. Le coge de la mano y le ayuda a volver a la realidad. Cariño ya hemos llegado que tengas un dulce día y susurrándole al oído le dice: lo ves al final lo conseguiste.

Frente a cientos de personas la conferencia ha sido todo un éxito. Al final de la sala unos ojos azules intensos observan orgullosos a Sofía desde la obscuridad.

Ojo_anciano

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