¿Y que escribo hoy?

Me he levantado con un montón de ideas en la cabeza sobre lo que quería compartir a través de mi post  y según iba dándoles forma no me acababan de convencer.

Un amigo que tiene un grave problema a la hora de expresar sus emociones y sentimientos y todo lo “mal canaliza” a través de su agitada vida sexual. Por suerte ayer se dio cuenta y fui la primera persona con la que se sinceró. Me hizo una ilusión bárbara y le felicité por su valentía y honestidad.

Otra amiga  que se acaba de quedar embarazada a una edad no muy adecuada. Me confesó que llevaba un año intentándolo y justamente ayer le dan la buena noticia.

Mi vecino de al lado  el otro día me abrió la puerta en calzoncillos, cuando iba a pedirle un poquito de sal, como la cosa más normal me saludo y  su mujer amabilísima fue como un rayo a la cocina  y en un vasito depositó lo que les pedía. Como os podéis figurar  a mi casi me dio una ataque de risa.

En fin pequeñas grandes historias que darían para un culebrón.

Sin embargo no era capaz de darles forma o quizá no quisiera escribir sobre ellas, sobre esas personas .No era el momento o  no me encontraba inspirada o realmente ninguna me conmovía demasiado para expresar mi emoción. Expresar  ese “algo” que tienes ahí y que tu forma de canalizarlo es a través de un lápiz y un papel o delante de una pantalla con las teclas del ordenador.

Parece fácil ponerse a escribir pero no lo es. Sobre todo cuando hay algo ahí dentro que está en plena ebullición y no eres capaz de descifrar que es.

El sábado pasado confundí  el lugar donde había quedado con mi club de bici. Me quedé sin ruta, casi sin gasolina y la guardia civil no me multo porque debió de ver mi cara de desesperación  al ver que no llegaba que al final me dejó marchar. Eso sí,  la reprimenda por llevar la bici mal atada no me libre de ella.Me entró una rabia terrible.

Luego me hizo ilusión que me ocurriera aquello. Algo tan natural para el común de los mortales como es dormirse y no llegar a la hora al trabajo, echar azúcar en vez de sal a la comida o equivocarse de salida de camino al hospital.

A mi estas cosas no me pasaban hasta que me comenzaron  a pasar y no veáis lo contenta que me puse unos días después; porque afortunadamente me estoy relajando, dejándome llevar. Ya no voy tan rígida ni tiesa como un palo. Me he vuelto más flexible me dan las cosas bastante más igual y me levanto por la mañana en mi nueva habitación. Abro la ventana saludo  a las montañas y aunque no se  muy bien que hago aquí, que va a ser de mi vida y cuanto tiempo estaré. Siento algo muy nuevo que hacía mucho tiempo que no sentía igual.

Y me  digo: tira para adelante y aunque te encuentres mil y un obstáculos por atravesar, tengas al mundo en contra, te duelan  las muelas, se te salgan los pies de la cama porque de un metro y treinta y cinco  de colchón ahora te toca uno de tan solo ochenta centímetros  o veas cómo  la gente se conforma con lo que tiene delante aunque le den ganas de vomitar.

No te dejes arrastrar por la desidia ni el aburrimiento, lucha hasta caer rendida porque es ahora tu momento y es importante que lo sepas aprovechar.

incertidumbre-1

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