Dos amazonas.

El pasado sábado salí con la bici por unos de los estupendos  pantanos que hay en la sierra madrileña.Y me ocurrió algo tan fuerte y especial que lo quiero compartir con todos vosotros.

Era una mañana despejada un poco fresca sin embargo según avanzaba el día el calor comenzaba a apretar.

Me adentré por una zona nueva y resulto curioso comprobar los caminos infinitos que hay a nuestro alrededor  y tan cerca de uno.

Me sentía un poco inquieta, era la primera vez que hacía ese recorrido y quería memorizarlo bien pues ahora que he decidido romper con la rutina me adentro por parajes que a más de uno se le cortaría la respiración.

Es parte de la aventura así que no me siento nada especial al revés son muchas las veces que quiero retroceder o no continuar, sin embargo sale de dentro de mí un impulso  que me empuja  a seguir.

Todo el trayecto trialera arriba trialera abajo cruce de un pequeño rio atravesar un puente bajar  por una zona rocosa era todo normal en el recorrido hasta que aparecieron delante de mí, a menos  10 metros de distancia. Dos mujeres a lomos de dos enormes caballos. Una cercana a mi edad y la otra más joven.

Montaban a pelo sin silla .Iban relajadas tan relajadas que las más mayor la veía  desde abajo tan desencajada del caballo que parecía  que se iba a caer.

Hablaban relajadas tranquilas serenas, de lo que habían  hecho  durante las semanas, de la depilación de las compras en el supermercado…

Era una conversación tan liviana, ligera y trivial que si hubiera cerrado los ojos en ese momento las hubiera situado en sendos lavabos de una peluquería. Pero no. Estaban ahí  frente a mi tan cerca que podía oler la comida que había digerido sus acompañante con un simple giro de cabeza.

Hubo un momento en que hicieron ademan de dejarme pasar pero el camino  era tan estrecho que les di las gracias con la mano y les anime a continuar. Me gustaba sentirlas delante de mi abriéndome  paso con su trotar.

Atravesamos un puente, cruzamos un rio y al final del paseo nos dijimos adiós con la mano.

Continué veloz como un rayo por el camino de vuelta y  habían pasado escasos minutos  cuando  las volví a divisar.

Casi nos chocamos. Las  saludé de nuevo y ellas desde las alturas me devolvieron el saludo.  La más joven sonrió  e hizo un gesto con la mano que me resulto familiar.

Seguían lánguidas caminando muy despacio como si les diera pereza tirar de su animal. De repente y en menos de un segundo hincaron sus pies en el lomo de sus caballos y comenzaron a trotar como si fueran salvajes.

La potencia, la fuerza  y el brío que llevaban las dos amazonas me sobresalto y sobre cogió mi alma. Tuve que parar a observarlas como subían la cuesta con que energía velocidad actitud .Las sentí inmensas valientes hermosas…Llenas de fuerza y de poder.

Me emocione y brotaron de mis ojos lagrimas de felicidad .Sentí en ese galopar la fuerza poderosa que tenemos las mujeres y como somos capaces de dar la vuelta a la vida con un simple gesto, agarrando fuertemente las riendas y tirando de ellas hacia arriba muy arriba y sin dejar de tirar.

mujer caballo

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