Un instante en el tiempo.

Son las tres de la mañana y María no puede dormir. Algo le inquieta desde bien comenzada la mañana y ahora en el silencio de la noche quiere salir.

Llegó a la piscina un poco más tarde de lo habitual. Colocó la toalla junto a su árbol preferido, uno que da una sombra especial. Saludó a una pareja que tenía a su lado. Solo el hombre le respondió.

Bajó la cuestecita que hay desde su hamaca a la piscina, para comprobar cómo estaba al agua. Un compañero con el que nada habitualmente, descansaba en la orilla y sin preguntar, le dijo que el agua estaba más templada y que daba gusto nadar. Ella se lo agradeció.

Volvió a subir la cuestecita, se puso el gorro y las gafas, se dio una ducha rápida y se zambulló sin pensarlo demasiado, en el agua helada. Cuando llevaba la mitad del recorrido, normalmente se hacía unos mil metros, le entró un sopor increíble, ya le había pasado otra vez caminando por la montaña. Sabía que era todo emocional, que se le pasaría en un rato y de nuevo así fue. Continuó nadando hasta cumplir el recorrido.
Salió de la piscina, se quitó el cloro en la ducha y presurosa voló a la toalla.

Al llegar a ella, el tiempo se detuvo. No sabía que hacía ahí, ni la edad que tenía, ni siquiera el mes en el que estaba. Su mente se traslado a la adolescencia y recordó que esa parte de la piscina estaba vetada para ella, porque era “pequeña” y solo los mayores y las chicas más guapas, sexis y atractivas podían estar.

Recobró la conciencia y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Tomó aliento y se tumbó en la toalla, calentó su esbelto cuerpo con los rayos del sol y al ratito se sentó en su hamaca a leer.

No se concentraba y se puso a observar .La pareja que estaba a su lado no se dirigió la palabra en ningún momento. Ella se extrañó, el caso es que el chico le sonaba de algo cuando fue el único en saludar.
Siguió mirando a las parejas que tenía a su alrededor. Un poco más apartados, tumbados en sus toallas, se encontraba un matrimonio. A la derecha del padre el hijo y junto a la madre, la niña adolescente. Tampoco hablaban. La comunicación se establecía entre sus ágiles dedos y las pantallas de sus modernos móviles. Estos no dejaban de vibrar.

Un poco más a la derecha, otra pareja de más edad. Aquí la conversación no estaba en ningún lugar. Ella daba largas caladas a un cigarro que nunca se acababa. Él miraba con aburrimiento a los niños jugar. No tendrían más de cincuenta años y el cartel de no pasar ya lo habían colgado mucho tiempo atrás.

María se frotó los ojos más de una vez. Comprobando que todas esas parejas que ya habían “crecido” desde la última vez que estuvo allí, casi veinte años atrás, eran lo más famosos del lugar. No los había reconocido nada más llegar, pero ahora sí. Lo tenía claro y su excitación se hizo patente. Recordó que ellos eran los fuertes y ellas las guapas, sexis y simples muy simples .Ahora lo veía claro y no lo podía disimular.
Y ese malestar mental que tuvo nada más llegar, solo fue un instante de mareo, porque ya presentía lo que vendría después.

¡Qué tristeza más grande! Se habían juntado todas esas personas por pura vanidad, por aparentar ser los mejores y “conquistar” a las chicas más resultonas y ahora veinte años después; ya no quedaba una pizca de ese “glamour” aparente, que frenaban los pasos de María cuando ella quería entrar.

Eso fue lo que le nubló la vista al llegar. No sabía muy bien lo que le ocurría hasta que se puso a observar. Ahora se daba cuenta de porque en su día, su cuerpo se paraba, al querer atravesar esa lado franqueado de la piscina. Donde no le dejaban pasar.

Se dio cuenta que ahora ella era libre para poder pasear. Que ahora los clausurados eran ellos y ellas y sintió una tristeza grande pero no se dejó llevar.
Anotó todos estos pensamientos en su cuaderno en el de “cuando no puedes dormir” y como se levantó de la cama allí volvió. Se durmió profunda y plácidamente hasta que temprano el despertador sonó.
Ya era una mujer nueva y no le dio miedo reconocer que lo que deseó de pequeña no era real y que veinte años más tarde, la vida había colocado todo en su lugar.

nadar mujer

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3 respuestas a Un instante en el tiempo.

  1. rosaluma dijo:

    Que bonita historia y que forma mas entrañable de contarla.
    Me ha encantado.
    Mil besitos piscineros

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