La soledad.

¡Maldita palabra! Dijo María, al levantarse de la cama, después de una terrible noche, cargada de violentas  pesadillas.

Se han ido, se dijo, ya no van a volver.

Durante una gran parte de su vida permaneció sola, feliz. Agradecida por la luz del día y por la suave  brisa de la noche. En su casa; una casa preciosa, de grandes ventanales, situada frente al mar. Se levantaba todas las mañanas y saludaba en soledad a las gaviotas, que se posaban en su ventana. A los pescadores que la miraban de soslayo, cada vez que María tendía la ropa en el balcón. A los niños que jugaban en la playa, en las tardes del verano y con los que ella, se quedaba embobada viéndoles: reír, crecer, vivir…

Vivía sola, muy sola; pero ella estaba feliz. No había nada ni nadie que perturbara su paz, su tranquilidad. Ese silencio que tanto le gustaba y que le hacía conectar con su interior.

Hasta que un día, esa sensación tan plena le asustó. Visualizó un futuro no muy lejano, ella sola, en esa casa, frente al televisor y le recorrió un escalofrío terrible, duro, intenso. Que le hizo reaccionar y decirle a la soledad que NO.

Fue dura la decisión, aunque ella en su interior sabía que era lo mejor.

Volvió al hogar de su infancia, donde quería revivir todos esos fantasmas, que todavía estaban sin resolver. Y se encontró con sus padres,  sus antiguos novios, con las amistades que nunca quiso y no supo decirles que no.

Fue duro, muy duro. Pero ella aguantó. Estuvo viviendo una temporada, acompañada por el calor familiar. Por las noches oía los pies arrastrando de su madre. Las toses y ronquidos de su padre, a los que nunca se acostumbró. Al principio le molestaban, pero cuando desaparecieron, su estómago se encogió.

De nuevo estaba sola, sola de verdad con todas sus angustias y fuera de su jaula de cristal. En un lugar extraño, acompañada por tantos recuerdos, que la empujaban y empujaban hasta que la cuerda se rompió. Se asustó y mucho. Ahora sí que era de verdad. Ella por primera vez, tenía que abrirse  camino, en un nuevo lugar, con gente diferente y sin ningún apoyo familiar.

Y fue entonces cuando tuvo una revelación. La vida te ha colocado aquí, para que seas tú sola, la que decidas por donde quieres ir.

Fácil no es, lo difícil ya lo has pasado y lo que te queda por recorrer, lo ha vivido la niña muchas veces, pero ahora lo va a vivir, por primera vez, toda una mujer.

Te acompaña un ejército de soldados armados, hombres valientes y seguros que dan su corazón por ti, mujeres que te prestan su mano y niños felices de tener a su lado, a una bella mujer que se mancha de barro, juega a cazar mariposas y salta sobre los charcos, con sus katiuskas bajo los pies.

Entonces por primera vez María, se desnudó, entregó su alma a la vida y confió.

La vida es para vivirla,  no dejes que la soledad te invada, porque solo se vive una vez.

soledad 2

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