RESPIRAR,sentir,dejarse llevar.

Abraza el árbol más fuerte que te encuentres en el bosque. Le dijo su amiga María.

¿Por qué? Le preguntó un tanto confusa. Lo vas a necesitar .Tienes que acostumbrarte a recibir la energía y el calor que desprende la madre  tierra, en contacto con tu piel. Es la única forma de traspasar el umbral. ¿A qué umbral, te refieres, amiga? No entiendo nada y comienzas a asustarme. Cariño, le respondió María. Solo tienes que confiar y dejarte llevar.

Esas palabras, tan certeras e inconcretas, las escuchó  Sofía hace mucho tiempo, quizá demasiado y ella las olvidó, no las quiso tener en cuenta y las borro de su mente y de su corazón. Como una  caligrafía  escrita a lápiz, que  cae a un charco y sus palabras, marcadas con tanta intensidad, comienzan a perder su forma y se dejan aclarar.

Pero un día, que permanecía distraída (raro en ella) y repasando todas las cosas que le quedaban por hacer. Alzo la vista y vio a su carpintero  preferido. Era un pájaro rojo-gris, que picoteaba el tronco de un árbol, muy largo, fuerte y robusto. Estaba sin hojas y parecía muy seco.

¡Hola carpintero! Le dijo Sofía con dulce voz. Él la respondió con tres picotazos y alzó su delgado cuello .Ella que ya había mantenido muchas conversaciones con él. No entendió  porque se empeñaba en  que mirase al cielo. El negó con su pequeño cuerpo y lo intentó de nuevo. ¡Ah! Ya te comprendo. Lo que quieres, es que dirija la vista a las montañas. Efectivamente querida Sofía, debes de ir allí, lo más deprisa  que puedas y encontrarás algo que es para ti, pero debes ir tu sola y no decírselo a nadie más.

Sera nuestro secreto. Zanjó el pájaro. ¿Serás capaz? Sofía, se quedo pensativa y por un momento, estuvo a punto de echar marcha atrás, pero luego lo pensó mejor y le dijo a su querido amigo que sí. Que iría presurosa. Al llegar a la cima, tendrás que hacer las paces con dos hombres y después, ya podrás elegir, si te quedas ahí arriba o decides regresar.

Sofía se quedo sin aliento, hacía tiempo que no tenía que pasar por una prueba así. Había sorteado muchos obstáculos, pero este sin duda, era el más difícil de lograr.

Confía cariño, no es nada malo, lo que ocurre en esa montaña .Ellas, te hablan  todas las mañanas y tú sabes, que lo que te dicen, es de  verdad. Nunca fallan y te tienen un amor especial. O es que: ¿no las escuchas por las noches, cuando te arropan el sueño  y te mecen, entre susurros, para que tu descanso sea profundo y duradero?

Y tú: ¿cómo sabes tantas cosas de mí? Le preguntó de nuevo,  la mujer al pájaro. Porque todas las veces que subes, hasta el mirador, te quedas mirándolas horas y horas .No dices ni una palabra. Lo sé, pero yo puedo sentir tu corazón, que grita sin apenas poder respirar, que quiere subir a lo más alto.

¿Eso es lo que grita mi corazón? Eso y otras muchas cosas más, preciosa flor. Le dijo el pájaro desde su rama y a Sofía la cautivó.

La mujer confío en el animal y se fue a la montaña. Ligera de equipaje, pero con mucho miedo en su interior. En su mano derecha llevaba una almendra con cáscara. Se la había dado  el pájaro, antes de partir y le dijo que siempre la llevara consigo. Ella obedeció y la guardo en el bolsillo de su pantalón.

Nada más alcanzar el sendero, le recibió un árbol enorme y robusto, que le tendió sus brazos y  a él  se abrazó. Sintió una paz inmensa y eso le dio confianza para continuar. Luego se encontró con un rio muy caudaloso, donde  un tronco despistado, se giró boca abajo y la ayudó a cruzar. En la otra orilla, se topó con  una roca dura y descarada. Le dijo que trepara  y colocándole dos sapos a modo de ventosas en sus pies, la empujó hacia arriba,  Sofía volaba y no sabía a dónde iría a parar.

De  golpe y de culo, llegó a la cima de la montaña.

Abrió los ojos, se sacudió la camisa y apretó fuertemente, la almendra que llevaba en el bolsillo de su pantalón. Y divisó a unos pocos metros, a un  hombre mayor, sentado en un banco. Ella se le acercó. Le tomo de su mano y le acaricio el rostro. El hombre la miró, la estrechó entre sus brazos y en ese preciso instante hicieron las paces. Era canoso, fuerte y seguramente de joven, habría sido un hombre muy apuesto.

Ella entorno los ojos y descubrió de quien se trataba. La primera persona que la sacó a bailar y luego vinieron otros  bailes y muchos más. Hasta que un día, la música se detuvo de golpe y él se fue al país de nunca jamás.

Las lágrimas le brotaron de los ojos y él se las secó. Le besó la mano, le acarició la mejilla…y susurrándole al oído le confesó, que para alcanzar a la persona querida, debía de hacer las paces con otro ser humano, tan importante como él. Cierra los ojos y aparecerá.

Cerró entonces los ojos  y vio a la primera persona que le entregó su corazón y no permitió que siendo muy niña, le arrebataran el suyo. Ese hombre que la vio nacer, le beso en la frente y también la perdonó…Se perdonó. Logrando así  hacer las paces por fin con él.

El corazón se le encogió y ahora frente a ella, aparecía un tercer hombre.

Fuerte, recio, noble y grande muy grande. Tan grande, que la primera vez no le pudo abrazar, la segunda solo alcanzó a rozarle y ahora los dos, se funden y se confunden  en un gran abrazo. Se han tocado el corazón. Se han sentido desde el interior.

Ahora y solo ahora; entiende porque su amiga María, le dijo que todo comenzaría, cuando abrazara el árbol que tendría que llegar.

Las raíces ya están echadas, espera que broten sus frutos y solo tienes que dejarte llevar, porque el resto, aparecerá.

 

 

 

 

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Una respuesta a RESPIRAR,sentir,dejarse llevar.

  1. rosaluma dijo:

    Dejarse llevar!!
    Genial.
    Un poco de ilusión por la vida y lo que nos rodea, siempre viene bien para empezar el año.
    Mil besitos que te hagan confiar para que te dejes llevar.

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