La “abundancia” entra en tú vida.

A media tarde Ángela sale a hacer un recado y se encuentra con su vecina. A penas la ha visto un par de veces. Esta vez es ella la que se para a saludar. La vecina se queda un poco asombrada, sin embargo agradece el gesto . Se despiden con la mano y las dos mujeres se alejan por  caminos opuestos.

A las ocho de la tarde suena el móvil de Ángela. Es su amiga Lucía. Charlan sin darse cuenta de que el tiempo va pasando. En medio de la interesante conversación,  suena el timbre. Ángela interrumpe la conversación y le dice a su amiga que aguarde un momento porque llaman a la puerta.

De forma acelerada  abre casi sin preguntar y al otro lado hay una mujer rubia, grande, alta muy alta, que le saluda tímidamente y le ofrece de manera impulsiva dos paquetes  que lleva en ambas manos. Ángela se queda perpleja. Para ti son para ti. Cógelos por favor. Hay un momento de confusión. Ella no sabe qué hacer y la mujer alta de casi un metro ochenta no retrocede en su intento.

Consigue calmarse y entender que es lo que hay en ese generoso gesto. Son dos  pollos  que le ofrece la buena mujer. Como si fuera algo simbólico. Ángela empieza a atar cabos y llega a la conclusión que debe de ser una forma de bienvenida del país de donde es.

Ahora no puedo atenderte. Ella insiste en que los coja. Ya  hablaran después. Ángela le explica entrecortada que necesita despedirse de una persona que la ha dejado “colgada” al otro lado del teléfono. La vecina le dice que no se preocupe. Que acabe de hablar y que después pase a verla.

Le resume en un segundo lo que acaba de presenciar y se despide con un sonoro beso. Cuéntamelo luego todo. Por favor. Le dice Lucía antes de colgar.

La vecina aguarda al otro lado de la puerta. Ángela llama al timbre y la puerta se abre de par  en par. Pasa por favor no te quedes en el umbral. Se dirigen e instalan en la cocina. Huele a bizcoche recién horneado. Siéntate por favor: ¿un café, té, un zumo de naranja…? Quizá te apetece algo más fresco. ¿Una cerveza, tal vez? Ángela no sabe que contestar .Los obsequios se sucede uno tras otro. Hacía tiempo que no la agasajaban de esa manera.

Logra recomponerse y Ángela resuelta le dice: vamos a empezar. Lo primero: ¿Cómo te llamas? Perdóname no te entiendo  muy bien. ¿Es quizá por el idioma? Ya sé  que tú no eres española. Ella sonríe y le dice que no. Que tiene que hablar más  despacio y que no la deje de mirar a la cara. ¡Ay, perdona! A veces con la emoción me acelero. No te preocupes no se trata de eso. Hay una pausa que se hace eterna y al final del tirón le confiesa que apenas oye. Es algo genético .Su madre, su abuelo y ahora ella.

¿Qué me estás diciendo? Si eres muy joven. Cuarenta y dos años. Le dice sin pestañear. Me da vergüenza ponerme un aparato a mi edad.

Su castellano es limitado aunque  se expresa con toda claridad. Pareces de Rumanía. Ella rápidamente le corrige y le dice que es búlgara.  Que vino a España hace doce años y que está muy contenta de vivir aquí.

Ángela la deja hablar .La observa desde el otra lado. Ambas están de frente en una mesa pequeña. La mujer que tiene delante necesita expresa, sacar, compartir .Ha tenido una vida dura. Aunque no lo dijera se ve con solo sentir su gesto. Se quedó viuda hace doce años con dos hijas pequeñas que sacar adelante. Ahora ella tiene que esperar a que la operen porque su cuerpo no deja de sangrar.

Ángela no puede asimilar tanta información y le dice que pare. Ella es guapa, hermosa, valiente y  en algún momento intuye que  debió  de ser feliz. Ahora lleva un gran peso sobre su espalda. Ésta cansada  mujer que la agasaja sin proporción. La siente agotada, sin embargo tiene una luz intensa en su mirada que te hace confiar. Confiar porque en ese momento íntimo que le acaba de regalar le ha dicho mucho más que si la conociera de toda la vida. Le está dando su cariño le está abriendo  su corazón.

Habla y habla sin parar. Los cigarros se suceden y Ángela ya no puede más.  Se levanta la coge de la mano, le apaga el cigarro en el cenicero y sin mediar  palabra se funden y se confunde en un intenso abrazo. La conexión es tan fuerte que  comienzan a llorar.

Cuando se reponen y suspiran aliviadas, la cocina, antes tan cargada se ha vuelto ligera como si las ventanas se hubieran  abierto de par en par.

Vuelven a sentarse en sus respectivas sillas.Me llamo Silvia, yo Ángela. Me alegro de que estés aquí. Yo también estoy feliz.

Silvia le acompaña hasta la salida y antes de decirle adiós, le confiesa: algo me hizo llamar a tu puerta, no me digas muy bien el que.

Ángela le responde: eres una mujer de  las mías, de las que corren con los lobos. Este encuentro se tenía que dar y esta “amistad” solo acaba de empezar. Y regresa a su casa con una grata sensación.

La semana pasada fue el regalo de su amigo Manuel, el domingo la compañía de los ciclistas en su ruta matinal y esta tarde la invitan a tomar un rico bizcocho con un humeante café.

La “abundancia” entra en tu vida Ángela. Déjala pasar y permítete que te abracen, que te colmen de regalos y que la vida te presente el lugar en el que  tú debes de estar.

Gracias vida por permitirme disfrutar.

abundancia

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2 respuestas a La “abundancia” entra en tú vida.

  1. Tus palabras ABUNDANTES de AMOR resuenan en cada una de mis células. GRACIAS LAURA!!!

  2. lanuckas dijo:

    Me alegro transmitirte tanto amor.Es un placer conectar con personas tan receptivas como tú.Un fuerte abrazo 😉

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