Los abuelos también quieren crecer.

En estos momentos de mi vida soy alumna de un curso de “Redes Sociales” que está impartiendo una de las mejores universidades de Madrid y como es a distancia tienen acceso personas de todo el mundo.

El curso es muy activo y los debates en el foro llevan un ritmo frenético. La mayoría de los compañeros responden a las propuestas de la profesora de manera rápida y eficaz.

Lo último que nos propuso para debatir, rebatir y sobre todo expresar nuestra sincera y personal opinión, se trataba de dos imágenes de una familia. En la primera sentados en un salón alrededor de una mesa de comedor y  frente  a ellos un televisor que solo mostraba rayas verticales a todo color y en la segunda imagen, el mismo panorama lo único que ahora cada miembro de esa familia tenía entre sus manos diferentes dispositivos móviles.

Me gustaron las imágenes y no tarde en responder. Sentí la “soledad”, la  falta de comunicación que tenemos estos días con tanta tecnología a nuestro alcance. Para reforzar mi opinión añadí un artículo de Steve Jobs, el gran gurú de esta era, donde decía que él no dejaba usar estos “aparatos” a ninguno de sus hijos.

Así se sucedieron varios comentarios en la misma línea .Solo hubo una persona en contra que hablaba de las  glorias y de los beneficios que nos ha dado y nos sigue dando internet.

Por supuesto que sí. Le respondí.

El debate sigue su ritmo y ayer me encuentro con otro compañero que habla de la situación personal que vive en su familia cada vez que se reúnen los fines de semana. Y añadía que los realmente afectados eran los “abuelos”, que ellos no habían nacido en esta época no habían  evolucionado con las misma rapidez ni por supuesto se habían  adaptado a estos medios.

De repente, algo dentro de mi sonó como un clic y el resorte que tengo dentro de mi cabeza me dijo  “si, pero no”. Algo no me encajaba en su comentario. Hacía mención a los abuelos y esta mañana clara y despejada, me ha venido a la mente mí querida madre, con ochenta y dos  años.

Mi madre siempre ha sido una mujer adelantada avanzada y sobre todo muy lista a la hora de manejar la tecnología. Fue la primera de la casa y yo creo que la única, en saber programar el vídeo para grabar las películas o los programas que le interesaban.

Más tarde cuando aparecieron los primeros móviles, bien orgullosa  me sentía de recibir sus sms .Mis amistades no daban crédito y ahora con mucho esfuerzo paciencia y sobre todo mucho amor por parte de mi padre, ha aprendido de una forma asombrosa a mandar wathsapp. Parece increíble .¿Verdad? Pues  es completamente cierto.

Todo se quedaría en una simple anécdota si solo comentara este hecho como una abuela que manda wathsapp  a sus ochenta y dos floridos años si no añadiera, que su forma de comunicarse ha cambiado. Ya no llama por teléfono de forma compulsiva para que tú pongas el manos libre y escuches como se desahoga. No. Ahora cuando escribe lo hace de una manera reposada, reflexiva, adulta. Se interesa por tu estado, te pregunta  que has hecho en el día y ya al final te dice que te está escribiendo desde un bar, una cafetería o sentada en un banco del parque.

Parece que sus dolores, quejas, tristezas… Los ha dejado de lado. Y habla con sus hijos de forma particular, como si el tiempo se hubiera detenido como si no hubiera un mañana porque igual ya no los vuelve a ver.

Escribe, redacta, pone comas, puntos, completa las palabras, mayúsculas, minúsculas, acentos. Escribe mejor que sus hijos y que sus nietos. Hasta utiliza los iconos con una precisión y delicadeza con ese gusto de antaño por las cosas bien hechas.

El otro día me confesó que de pequeña  también le gustaba escribir y que se le daba muy bien.

Da la sensación que quiere apurar todos los años que le quedan de vida y tenernos ahí, muy cerquita de ella.

Mi madre no solo ha aprendido a mandar wathsapps,  sino que ha comenzado a sentir la vida y las de sus hijos desde otro lugar. Un lugar tranquilo, reflexivo, reposado, ameno…Nos dice que le encanta escribirnos y más aun  cuando ve el indicador verde y reconoce que ahí está uno de sus hijos hablando con ella y contándole como le ha ido el día.

A mi madre este nuevo “aparato” le ha dado más vida y le ha quitado edad.

¡Bendita tecnología! Si por un instante nos acerca más el uno al otro y los abuelos, ancianos, las personas de la tercera edad. Tienen un nuevo canal de comunicación, que les permite conectar con sus hijos  de otra manera, saber cómo están, sentir su presencia en la pantalla con un simple clic y la luz verde encendida indicando que todavía pueden seguir.

abuelos bailones

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