La vida no te regala nada.

Personas que me rodean amistades, gente de bien. Más de una vez les he oído decir que les sorprende mi actitud tan positiva ante la vida. Como una mujer guapa, inteligente llena de vitalidad no está casada con un “buen hombre” es madre de dos hijos y disfruta de  un trabajo en una gran compañía. Esto es lo que se supone que es lo “más” que se espera de un ser humano.

Más de una vez,confundida y llevada por esta “temible y terrible” corriente de una sociedad como la que tenemos, me lo he llegado a preguntar una y mil veces. Afortunadamente a día de hoy creo haber obtenido la respuesta: en la vida las cosas, esas cosas maravillosas, por las que realmente merece la pena luchar  y que desgraciadamente son  muy pocos los mortales que se paran a reflexionar y a sentir.  Suceden en el momento justo, ni un segundo antes ni un segundo después. Por supuesto que para que ocurran tienes que estar receptivo a las “señales”, porque estas se presentan cuando les toca llegar.

Tirado en el sofá de tu casa no lo vas a conseguir, ni tampoco corriendo de un lugar para otro, cegado por el sprint del tiempo  o atrapado en esa rutina diaria y engañado en tu reposada y peligrosísima “zona de confort”.

Antes uno se agobiaba si sentía que no resolvía, si no ocurrían cosas tangibles, sin embargo en estos momentos. La vida luce como debe de lucir. Me confirma  y me reafirma que cada persona debe ir a su ritmo, que si corres demasiado deprisa  te caes y que si permaneces quieto por mucho tiempo te conviertes en estatua de sal.

La vida te ofrece de todo si estás dispuesto a cogerlo pero no te regala nada. Y si en algún momento crees que los “regalos” caen del cielo; te darás cuenta de que esos presentes llevan impresos muchas horas de trabajo y de esfuerzo.

El trabajo tampoco llega a tu buzón con un sobre impreso a tu nombre.

Y es posible que hayas dedicado muchos años a llevar la contabilidad de una empresa  y lo que querías  era ser carpintero, con todos mis respetos,  habrás desperdiciado gran parte de tu valiosísimo tiempo  tecleando números frente a la pantalla de un ordenador. Seguramente te habrá dado lo suficiente para  alimentar a tus hijos y llevarles de vacaciones a la orilla del mar. Sin embargo a  eso no le llamo  vivir. Eso es  una forma de “tirar para adelente”, en definitiva de “sobrevivir”.

No quiero vivir así, aunque me cueste  el alma y a veces solo tenga ganas de irme de aquí.

Solo me conformo no ya con lo bueno. Quiero lo mejor. Un amor de los que se cuecen a fuego lento.

En el trabajo algo bulle en mi interior .Lo siento latir.

¿Cómo puedes ser tan positiva, cómo puedes tener esa actitud? Seguro que hay alguna defensa algo que te impide ver la realidad, que te ciega y te confunde. Lo piensan tantos y tantos…¡Que difícil es salir de aquí! Arrastrado por los que  tiran hacia abajo y uno luchando por querer salir. ¿Cómo…? Rodeándose de personas que suman, que nutren tu alma y con los que realmente te sientes  feliz y te dan esas fuerzas enormes de comerte la vida a bocados. De bailar hasta la madrugada y de por fin dejarse llevar.

Y como un caballo desbocado que de esa cuadra quiere salir. Me reafirmo en que la actitud ante la vida la escoges tu .Nadie puede sentir lo que uno siente ni fingir querer  VIVIR.

El amor entra en cada uno de nosotros de la misma manera que el aire para respirar y solo si uno quiere que le llegue el aire puro. Sabrá que pare sentirlo y llenarse de AMOR del sano, solo  debe acercarse a la orilla, tocar la arena, sentir las conchas y respirar, respira y respirar.

conchas

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