Ayudar a los demás te reconforta.

El otro día me invitó mi nueva vecina a su casa, es de origen búlgaro aunque  toda ella parece alemana, eso sí cuando la escuchas hablar todo cambia. Está harta de lo mucho que trabaja su marido y lo poco que le ve. Es transportista de una gran compañía y se pasa el día en la carretera y cuando llega a el punto de destino, él solo  tiene que descargar toda la mercancía. Me hablaba de toneladas de peso a sus espaladas, de sus fuertes dolores y de lo triste que está.

Me sentí impotente de como una empresa de tal envergadura podía explotar de esa manera  a un ser humano. Me acordé de los refugiados, de su malvivir  y sentí una sensación  dura y caliente dentro de mí.

Interrumpí la conversación, la paré en seco y le pregunte si su marido tenía algo que realmente le gustara hacer. No tardó ni medio segundo en responder y con un brillo en la mirada me dijo que era un apasionado de las abejas. En verano juega con ellas y en el frío invierno más de una vez le he visto acurrucarlas en su mano cuando adheridas de frío parecen morir,entonces él consigue reavivarlas  echándoles vaho  y meciéndolas para que entren en calor.

La imagen me estremeció.

Más tarde en persona el “hombre de las abejas” que así le quiero llamar a partir de hoy, me contó toda la historia de principio a fin.

La familia se había dedicado al oficio de la apicultura. Traspasado de padres a hijos y de generación en generación. Hasta que un fatídico accidente arraso todos los panales y por poco se lleva por delante al padre de familia. Hasta ese momento se había dedicado a cuidar de las abejas pero de la noche a la mañana su vida ilusiones y un montón de sueños desaparecieron con el humo del incendio.

Fue doloroso para él recordar tan triste episodio. Sin embargo sentí tanta emoción en su relato que sin darle un respiro le pregunté. ¿Te gustaría dedicarte a esto en España? ¿Me podrías ayudar?Si puedo, te prometo que lo haré.Le respondí.

Me quedé pensativa,alguien  rozó mi  hombro sentí un escalofrío y le vi delante de mí. Era  un amigo virtual que conocí hace unos años y que nos habíamos  comunicado de manera intermitente a través de las redes sociales.Así que después de ese “deja vu”. Le dije que conocía a  una persona que como él, amaba a las abejas y que quizá nos pudiera ayudar.

Me lo agradeció de corazón y esa misma noche le mandé un mensaje privado de facebook. Le adjunte un archivo explicándole la triste y a la vez hermosa historia de Jovko, que así se llama el “amante de las abejas”. Su respuesta no se hizo esperar. Y a primera hora de la mañana  nos invitaba a mí y a toda la familia de búlgaros a visitar sus panales y a disfrutar de unas jornadas de trabajo junto a las recolectoras de miel.

Cuanto le di la buena noticia   su cara lo reflejaba todo. Estaba tan emocionado que no supo articular palabra, fue su mujer la que se abalanzó sobre mí, me dio un fuerte abrazo y su gratitud hizo el resto.

Estoy deseando conocer a mi amigo virtual. Colaborador  de varias ONG, consejero de Greenpeace, padre de familia y amante de los animales y de las abejas.

¿Qué más puedo  pedir? Todo llega en esta vida. Aunque muchas veces te entren ganas de huir. Subirte a lo más alto y desde ahí tocar las nubes para poder ser feliz.

ayudar

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