Vivir es una caricia diaria.

 

Susana adora a los niños, los lleva presentes siempre en su corazón. Hace tiempo hizo su duelo personal sin embargo, todavía algo late con una fuerza increíble cuando tiene de cerca a alguna embarazada, no lo puede remediar.

Son las siete de la tarde y se dispone a dar su paseo, según sale del portal se encuentra a una vecina muy singular. No tendrá más de treinta cinco años. Anda a paso ligero le recuerda a su madre a esa edad. Cuando la llevaba cogida de la mano por el metro de Madrid y casi con sus pies le hacía  rozar el cielo.

Siempre le acompaña su fiel y vieja perra, de nombre  Tula, un cochecito azul  semi nuevo donde va su pequeña Siria con el chupete puesto. A su espalda su mochila,  el pelo largo liso y suelto. Cuando anda tampoco pisa el suelo.

Es de esas personas que levitan al caminar y tienen un ligero péndulo en su forma de avanzar.

Susana lleva varios días observándola desde la terraza y ve que su cuerpo es diferente, algo en su vientre un poco prominente le hace sospechar.

Se la encuentra de cara, se acerca a ella con un pálpito inquieto; le saluda primero y  después su mirada se fija en donde la vida empieza a nacer y le dice a viva voz: ¡Tú estás embarazada! Si, de cinco meses ya.

Las dos mujeres se miran de una forma muy especial. Susana le coge de la mano, se le hace un nudo en la garganta y casi con un hilo de voz le dice: me he emocionado, le he sentido aquí dentro y (se toca de lleno su corazón). Me ha acariciado con su manita y solo me entran ganas de llorar.

Normal. Le responde la bella mamá, como si a ella esa caricia fuera algo natural. Esto es lo mejor del mundo, te lo puedo asegurar. Le dice Beatriz  casi sin respirar.

¿Cómo se llama? Darío. Tu hija se llama Siria. Los dos llevan sonoros nombres que parecen vibrar. Le dice Susana como algo realmente importante y a tener muy presente en la vida de estos niños.

¿Cómo te has dado cuenta tan deprisa? Extrañada le pregunta la futura mamá. Me sorprende tu percepción porque yo en cinco meses jamás se me paso por la cabeza y lo tuyo ha sido pura intuición. Susana sonríe. Beatriz no se queda atrás. Que no sea madre no significa que no lo sienta igual. Le responde Susana.

Voy hacia el puente del rio. Yo también. Le dice la bella mamá.

¿Si quieres vamos juntas? Por mi estaría genial.

Las dos mujeres mantienen una charla animosa, sincera y llena de calor. Al llegar al cruce se dicen adiós, pero antes Beatriz se vuelve y con una mirada especial le dice a Susana: desprendes una luz, hay algo en ti que transmite tantas ganas de vivir que da gusto tu presencia. El cariño que desprendes y el amor que das.

Susana se queda parada, no sabe reaccionar: la caricia ha sido tan grande que le vuelven a entrar ganas de llorar. Gracias Beatriz .Es lo único que se  atreve a decir.

Y las dos mujeres se alejan por caminos opuestos; pero a Susana algo le habla en su interior.

Nunca va a ser madre y lo sabe de corazón, sin embargo siente que ese amor que podría haber dado a los suyos, alguien ha decidido que sea universal y que su misión en la vida no sea otra que ser: madre, amiga, amante, compañera… De muchas personas que aparecen en su día a día de una forma muy especial.

 

Amor Universal

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