Vomitar en el cubo de la basura.

Sintiendo la sensación de vacío que te provoca la consciencia de que tu pensar y tu sentir son tan diferentes a todo y a todos los que te rodean, solo puedes optar por varias cosas: o bien te unes a el grupo de gente “normal” y sigues el camino “establecido” o por el contrario pegas una patada al cubo de la basura y lo mandas todo a un lugar que mejor no nombrar.

Son muy pocos los que se resisten a no aguantar y se atreven a seguir  la senda que traza su cabeza y sobre todo su corazón.

A veces te sientes terriblemente perdido, hundido, agotado,  y no sabes para qué narices has aterrizado en este lugar (la mayoría de veces  diría yo), sin embargo el resorte salta. Tiemblas, lloras, pataleas. Te entran unas ganas terribles de apagar el interruptor y decirle a todo y a todos adiós. Porque no avanzas, no creces, te crees que está en el mismo lugar una y otra vez. Pero esa dañina sensación no es real.

Entonces es cuando de lo más interno de tu ser, surge un impulso, una caricia, un gesto que te anima a seguir a tirar de ti a no detenerte.

Y en medio de esa incógnita del qué haces aquí y para qué has venido a jugar a este mundo donde los anuncios y la publicidad solo te dicen lo equivocado que estás. Donde tus familiares más cercanos te lanzan mensajes negativos y limitadores sin parar. Vomitando sus miedos y angustias de una manera triste y cruel.

Tú sigues ahí. Derecho como el palo de un mástil; a punto muchas veces de saltar, de tirar la toalla, de dejar de luchar.

Sin embargo siempre aparece algo o  alguien que rema en tu misma dirección. Puedes ser humano o no. Puede venir el mensaje en una canción, en una frase escrita frente a tu ordenador o quizá simplemente paseando y mirando a tu alrededor.

¡Qué poca gente escucha! Solo tienen ganas de soltar por esa boca lo que su mujer, marido, hijo, padre, madre, no están dispuestos a soportar. ¡Cuántas desavenencias conyugales! parejas que no quieren estar y siguen de forma inerte su camino. Sin tocarse, ni rozares, apenas sin hablar.

Se esconden en el compromiso, en las deudas contraídas que por supuesto son todas emocionales y difíciles de sufragar porque la base no se sostiene por mucho que quieran aparentar. Se romperá en algún momento, pero eso solo el tiempo lo dirá.

Por eso cuando aparece alguien que está en sintonía en tu misma frecuencia que te habla a la par. Eso no tiene precio ni jamás lo tendrá.

Estémos muy abiertos  a esos  pocos que te acompañan. Alientan  tus penas. Sobrevuelan tu corazón y al final se posan encima . Acarician tu flor, besan tus manos y en un susurro tranquilizan a esa niña tan asustada que vive en tu interior.

 

basura

 

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