También tienen derecho los “seres de luz”.

Dos seres vivos llenos de luz; vivos muy vivos vivísimos. Se encuentran por primera vez,  se dan la mano, se prestan su luz,  se acomodan, se besan, se abrazan, se sienten, se entienden. En un reencuentro fugaz, inquietante, alarmante, sincero y fiel. Sentido, vivido, amado.

No todos los presentes son capaces de sentirlo así, de rozarlo, de vivirlo.

Es un amor tan real y tan intenso que solo aparece en los libros de adolescentes; aquellos que no saben lo que les deparará el futuro y se agarran a esa flor, a ese tallo, a esa raíz que guardan en su interior. Lo quieren hacer eterno no quieren que se detenga porque quizá no haya un mañana, ni un hasta luego… Pero ese momento es… Inmenso, intenso, increíblemente puro, real muy real.

Está hecho por y para gente especial. Personas que no son  de este mundo y aunque habiten entre nosotros no dejaran de ser únicos,  diferentes, distintos, especiales.

El sobrino de siete años le preguntó en su paseo de camino a la estación, bajo los árboles que daban sombra ese preciso y mágico instante, si existía vida en otros planetas. La tía le  respondía con mucho cariño y amor que si el universo era tan  grande, era muy probable la existencia de otros seres. Aunque no supo muy bien precisar de qué especie serían.

Entonces tía ( continuaba con su reflexión)  yo creo que tu vienes de otro planeta. ¿Y eso: por qué crees tú que yo no soy de este lugar? Y espontáneo y juguetón le soltaba a bocajarro: porque eres única y especial.

Casi le hace llorar. Y continuaba la interrogación. ¿Por qué cariño me dices eso? Por tu forma de hablar, por como caminas al andar  y sobre todo por esa voz tan de “cuento” que tienes… ¡Ah! Y por los lugares que visitamos de tu mano tumbados en la cama de nuestra habitación.

¡Tía! Dime cariño. ¿Esas historias son de verdad? Me refiero a cuando hablas con el perro de tu amiga Graciela, cuando  me dices que el delfín de la piscina te vino a visitar  o cuando me haces mirar al cielo para que el sol tan intenso se ponga las gafas y así poderme ver con menos intensidad?.

Claro cariño: todo eso es de verdad.

Además quiero decirte que el perro de Graciela, Kira,  me dijo ayer que vuelvas otra vez a pasear con él. Y el delfín que vive en la piscina de la urbanización, desde que bajaste al fondo a recoger mi pasador me ha preguntado cuando regresas otra vez, para encender las luces y mostrarte el tesoro que hay bajo el mar. Y la luna nos va a acompañar, una noche subidos en la estrella que más nos guste, a conocer los otros planetas para que podamos ver en primera persona, que en el universo hay cabida para muchos seres humanos que  son distintos, diferentes y especiales.

 

seres unicos

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2 respuestas a También tienen derecho los “seres de luz”.

  1. LNA dijo:

    Que bonito. Felicidades!

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