Rugir como un león.

El pasado miércoles el “famoso” día de la Hispanidad o si lo queremos sentir más nuestro “La fiesta del Pilar”. Rosana, la pequeña de la casa tuvo una celebración familiar. El cumpleaños de su querida abuela María del Pilar.

Como todos los años, se reunió parte de la familia de la “gran familia”.

Cada vez le cuesta más acudir a esas “representaciones familiares” (ella lo siente todo como desde un gran escenario; donde cada personaje interpreta su papel a la perfección) y y a fuerza de observar y observar, ve qué papel representa cada comensal y por ese motivo se atreve a lanzar un poquito más la voz y a expresar su malestar, en el mismo momento que comienza el pase de la proyección.

Desgraciadamente siempre la obligaron a estudiarse su papel a la perfección y a no saltarse ni una coma y por eso siempre se sintió fuera de la proyección.

Pero el otro día, reuniendo todo el valor del que era capaz, se alzó con el puesto del director y explotó, logrando parar la película a la voz de: ¡corten! Y ayudado por el “alíen “que había permanecido dormitando en su interior (por supuesto para los actores que habitualmente solían exhalar su “mala ostia”, seguramente les debió de parecer una fierecilla en ebullición sin embargo para el resto NO) y uno por uno :actores actrices, iluminación, atrezo, cámaras…No tardaron en ponerse de pie e interpretar obedientemente.

Que satisfacción, que tranquilidad, que paz interior, aunque nada más cerrar la claqueta se quisiera morir, porque el silencio que al instante reinó en el plató, cortó a más de uno la respiración. Y después de aquello se quiso ir, huir de ahí, hacer mutis por el foro y marcharse de ese incómodo escenario.

No pertenezco a este lugar y nunca perteneceré. Se repitió como un mantra una y otra vez.

Elevo su voz, su tierna, radiofónica, reconfortante y preciosa voz. Aunque no demasiado, porque de las tripas no logró sacar ese grito inmenso de DOLOR que guarecía en su interior, pero si logro sacar las fuerzas suficientes para rugir (como el león de la Metro). ¡NO!. ¡Esta vez NO!.

Se levantó de la mesa, cogió su copa de vino, guardada siempre para el final y se salió de la escena. El aire era puro, muy puro y llovía una barbaridad.

La noche estaba fresca pero más fresca se quedó ella. Sintió arder su piel de rabia por contener y a la vez saboreó un regustillo de placer que le confirmaba lo bien que lo había hecho esta vez.

Se encontró sola en mitad de la nada; al fondo el cielo negro, el aire puro y frío como el hielo y el vaho que exhalaba de su boca le hizo sentir viva muy viva.

Al instante fueron apareciendo todos los actores y uno por uno formaron un corro a su alrededor.

Llevaban sus guiones en la mano, estaban tranquilos. No mostraban signos de enojo ni el más mínimo rencor.

Ella se quedó helada, al ver como arrojaban sus papeles en la hoguera improvisada que alguien había puesto a arder.

La representación llegó a su fin. Nadie quiso aplaudir, pero ella se subió al escenario y desnuda, delante de todos, rompió en pedazos el guión que hace mucho tiempo alguien le entregó.

 

leon-rugido

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