Esto solo acaba de empezar.

 

Sofía se levanta ante de que suene el despertador. Ha dormido del tirón, aunque una hora antes del que el gallo llamara a su puerta se ha despertado. Tenía resaca del sueño que la acompañó durante la noche, no era un mal sueño, simplemente era una grata sensación de que por fin su vida comenzaba a recoger los frutos que con tanto mimo y cuidado había sembrado.

Se despereza, estira su cuerpo de arriba abajo y masajea sus piernas y muslos como hace todas las mañanas. Es una gran deportista y le reconforta el contacto de sus manos sobre sus piernas. Le da los buenos días a todo su ser, porque sabe lo importante que es cuidarse y quererse mucho.

Va al baño, recoge su larga melena en una coleta, pone el calefactor (a esas horas la calefacción todavía duerme) abre a tope el grifo del agua caliente y con los ojos cerrados y la luz apagada (costumbre que tiene para no deslumbrarse y seguir inmersa en ese sueño profundo) introduce su cuerpo dentro de la ducha y se deja acariciar durante unos minutos por el agua caliente y agradable que la va recorriendo suave y placentera de arriba abajo.

Se abstrae de todo y con esa sensación tan buena deja su mente volar y se da cuenta de lo afortunada que es. En esa ducha, en ese baño, en esa casa que no es suya y que lleva de prestado casi dos años.

Sin embargo, ahora en este preciso instante que se deja mecer, sin castigos, ni reproches, ni exigencias; se da cuenta de que ya no es la misma de ayer. Que su vida ha dado un cambio radical.

Se abraza, se toca todo su cuerpo y comprueba que todo está en su lugar. Que es una mujer sana, fuerte, valiente, dichosa y continúa un rato más dejando que el agua roce su piel.

El calefactor ha templado la estancia y ella no quiere salir de ahí. Se sienta sobre la taza del váter, sujeta la cabeza entre sus manos y un llanto profundo, copioso y sereno le recuerda porque está ahí.

Porque vino a ese lugar que no la pertenecía, sin embargo, era crucial cruzar ese umbral para sentir todo lo que ahí había vivido y necesitaba transformar en otro espacio muy distinto a lo que fue.

No podía parar y no quería dejar de sentir lo que esas lágrimas significaban para ella.

Al final el llanto cesó. Su cuerpo se había quedado exhausto. Entre el vapor de agua y su propio calor sentía que la vida en ese momento solo acababa de empezar.

Que todo el camino recorrido y los frutos obtenidos simplemente eran una ínfima parte de lo que todavía estaba por llegar.

Toda la formación que había adquirido durante esos años, las relaciones que se permitió, los hombres que amó, las personas que conoció en ese lugar y el puesto de trabajo que acababa de conseguir POR FIN; solo eran un aperitivo para calmar la impaciencia y la angustia de muchas personas que tenía a su alrededor y que no tenía nada que ver con lo que ella sentía en su interior.

Porque cada uno lleva su proceso, su ritmo, su espacio de tiempo y de lugar. No hay que acelerarlo, ni detenerlo, ni siquiera está permitido volver hacia atrás.

Hay que confiar en lo que dice tu corazón, escucharle siempre y no temer a las decepciones, ni a los adioses sin un porque, ni a las largas colas en un centro comercial  para conseguir un empleo que tu no vas a defender.

Solo hay que seguir hacia delante sintiendo el latido de tus pasos, el calor de tu interior y la fuerza infinita que solo tienen los seres humanos que saben CONFIAR en lo que les depara la vida y en lo mucho que todavía está por llegar…Porque esto solo acaba de empezar.

 

mirar-infinito

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