Un año más y una uva de menos.

Expectantes, nerviosos, inquietos. Estamos toda la familia frente al televisor. Van a dar las 12 campanadas y esperamos impacientes el momento.

Sentados estratégicamente, cada uno lleva en su respectivo bol sus 12 perlas. Todos miramos atentos al televisor.

Hemos elegido una cadena, la de siempre, la primera de toda la vida. Nos encanta porque aparecen en la parte inferior de la pantalla, unos circulitos con un número, que según van sonando las campanadas  encienden una luz que te indican por donde vas.

Es un momento mágico, especial. Además, es el primer año que lo celebramos fuera de la casa de mis padres y se me antoja todo diferente. Tengo una sensación extraña, como de no reconocer ni el momento ni el lugar, pero al mismo tiempo me envuelve una sensación de novedad que me gusta. Romper la rutina, pasar al otro lado desde un lugar distinto, diferente y eso me produce una sensación única y un poco espacial.

Me he vestido de negro, entera, para la ocasión. También es extraño en mí. Hacía mucho tiempo que no utilizaba ese color. Sin embargo, me siento cómoda, a gusto.

Ya no me demoro más, que empiezan las campanadas. Una, dos, tres…Y cuando voy, creo que, por la quinta campanada, una de mis uvas cae al suelo. ¡Vaya fastidio! digo para mis adentros. Palpo con la mano, no quiero apartar la vista del televisor y no hay manera de dar con ella. Sigo comiendo uvas, no vaya a ser que no llegue al final. Ya no puedo más y grito: ¡He perdido una uva! ¡Por favor!

Y mi cuñada, rápida y veloz como un rayo, va a la cocina y repone mi uva perdida. Le doy las gracias y sigo atenta al televisor, masticando al compás que marca el reloj.

Por fin las doce, ya estamos en el 2017 …Por fin. Casi no llego o quizá sea al revés. Tenía tantas ganas de que llegara, que mis uvas nerviosas han sentido mi inquietud, se han alterado de mi emoción y entre unas y otras han montado su verbena particular…Me río, beso a toda la familia.

Siento algo extraño, me gusta. No soy la misma persona, ni estoy en el mismo lugar.

Mi sobrina ha grabado el momento con una cámara de vídeo. Lo reproduce en el televisor. Nadie entiende lo que sale en la pantalla.  Solo ella y yo. Nos reímos a carcajadas, hay una sintonía especial.

Nos miramos a los ojos y no nos hace falta decir nada más. Ella con tan solo 15 años y yo con el medio maravilloso siglo a mis pies. Sentimos de una forma parecida que nos entran ganas de llorar de alegría.

¡Qué forma de comenzar el año! Por una simple uva que se escapó. No hay casualidades en la vida, todo ocurre  por algo y  para algo ; eso lo sé muy bien yo.

Brindamos con cava, las copas se juntaron… ¡chin!¡chin! Que sensación tan plena, tranquila. relajada …Sin duda será mi año.

Abracé de nuevo a mi sobrina y no paramos de reír.

 

2017-uvas

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