El silencio del reloj

 

Es el pequeño de cinco hermanos varones. Se ha abierto camino en la vida como ha podido. A base de mucho esfuerzo y trabajo. Nadie le ha regalado nada.

Recién separado y con un hijo varón de 16 años a su cargo, se desenvuelve como puede. A punto de rozar los cincuenta, comienza a verse canas en su pelo y en su barba.

Y se de cuenta de que los días pasan y no quiere perderse nada. Su relación con sus hermanos, es un poco distante, nunca encajo en el perfil de niño formal y su vida siempre se tildo de peculiar y especial … ¡Vamos! Que, para todo, era el “raro” de la familia, menos para su padre, que, aunque de una forma clara y directa , nunca le dijo lo que sentía por él, la verdad es que había un vínculo interno que era imposible romper.

Cuando paseando a solas se lo encontraba, en un pasillo de la casa, desayunando temprano escuchando la radio o viendo el televisor. Siempre sintió una admiración por el raro, distinto, por el especial.

Recuerda a su padre una y otra vez y ve en su hijo lo mismo que él veía, cuando todavía no le alcanzaban las manos para recoger los frutos del árbol, del jardín de aquella casa, donde pasaban los meses más calurosos del verano.

Eso lo está recordando Juan, esta mañana ante al espejo, mientras rasuraba su barba con mimo y primor.

Anoche le dijo su hijo que se arreglara un poco porque parecía un “homless” y no le gustó nada recibir el mensaje. Así que hoy se está tomándo todo el tiempo del mundo, en arreglar su descuidado aspecto.

Suena el móvil, es del grupo familiar de WhatsApp, es un mensaje de su padre, lo abre con mucha ternura y ve un video, raro en él, es de pocas palabras y menos de mostrar sus sentimientos.

Va leyendo frase tras frase y no da crédito de lo que lee.

Habla de la vejez, de perder la esperanza, de ya no ser lo que era antes y de no importar nada lo que venga después. Se le hace un nudo en la garganta, no quiere seguir leyendo y pulsa el stop. Su padre se está sincerando, expresando su sentir, diciendo muchas cosas que, a él, su hijo, le da mucho miedo oír.

No se lo piensa dos veces y le responde con todo su cariño, dándole ánimo, porque le queda mucha vida por vivir y que le quiere con toda su alma.

Se acuerda de su hijo, de cuando tuvo que luchar por él y a punto estuvo de perderle y de que volviera con su madre, que le hacía más daño que a él.

Pero al final triunfó y no quiere, ni siquiera imaginar que de nuevo lo volviera a perder y se agarra a su hijo, como a un clavo ardiente, con toda su fuerza y pasión

Deja el móvil sobre el lavabo y presuroso comienza a vestirse para ir a trabajar. Durante el trayecto, no puede dejar de pensar en la última frase        que le envía su padre: “La vejez comienza cuando el recuerdo es más fuerte que la esperanza”. Y si pregunta si su padre lo sentirá así o, por el contrario, lo que ansía son las ganas de vivir.

Cuando llega la noche y cansado de la rutina laboral, vuelve a mirar el teléfono, ve que ninguno de sus hermanos, ni siquiera el mayor, con el que se lleva tan bien, han hecho ningún comentario, sobre lo que su padre, se ha atrevido a expresar.

Se da cuenta de que probablemente a sus hermanos, esa forma tan sincera y desgarradora de trasmitir, no la han sabido encajar y el sentir desnudo, ha podido con todo lo demás.

Su padre le ha respondido en privado, no ha querido que ninguno hiciera comentarios y con una sencilla frase, le ha devuelto la vida, o quizá mejor aún, le ha mostrado por primera vez el camino a seguir.

Le ha llamado hombre, hombre, con todas las letras del abecedario.

“De niño eras bueno y ahora de hombre eres el mejor”.

Por primera vez le llama hombre y por primera vez, le transmite el orgullo que siente por él.

No es casualidad, que los demás no hayan contestado, porque el mensaje era solo para él. El más sensible, tierno y delicado de los cinco hermanos y ahora en edad adulta, se ha convertido en un hombre valeroso, inteligente, atento y, ante todo, un padrazo, que siempre ha luchado por lo que más quería.

Y a sus casi 50 años, lo ha conseguido y su progenitor sabe que ahora, no hay nada que lo altere, ni lo borre, ni siquiera el silencio de los suyos, porque ahora su mudez callada, vale más que el cobarde susurro de los demás.

Gracias padre por darme la vida, por permitirme volar y por sentir a tu hijo de esta forma tan especial.

 

el reloj

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2 respuestas a El silencio del reloj

  1. Excelente, gracias por este momento.
    Momento a momento.

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