Elegir una forma de VIVIR

Lucía ha quedado con una amiga en una terraza. Son las 8 de la tarde y hace una temperatura muy agradable. No es la primera vez que queda ahí. Le gusta porque está en medio de inmenso un jardín; hay animales de lo más variopintos y familias con niños campan a su anchas.

Ella observa las escenas que se van sucediendo como si se trataran de cuadros en un museo. Se respira un aire tranquilo, sereno, feliz

Su amiga se retrasa y eso hace que la atención del momento se haga más intensa.

Los pequeños juegan divertidos, ríen, elevan sus vocecitas sin apenas molestar, tienen entre 4 y 10 años. Van a lo suyo, se les nota felices.

De repente, como si de un cuento de hadas se tratara y hubiese cabida para algo más, una pareja de recién casados aparece en lo alto de la escalera que da entrada a la terraza.

Todos los presentes miran hacia arriba. Ella va de blanco inmaculado, él de frac. La lleva cogida por la cintura, sin embargo, lo que ella sujeta con fuerza es el ramo de rosas rojas, parece que no lo quiere soltar.

Los fotógrafos hace tiempo que llegaron, han estado eligiendo los mejores enclaves para retratar a los recién casados.

Niños, padres, bebes recién nacidos y una boda de por medio.

Lucia está embelesada con todo lo que ve.

A los pocos minutos de la inesperada “aparición”, uno de los padres, se acerca a su hija de escasos 4 años. La niña está absorta mirando a los recién llegados, aunque lo que realmente está captando su atención es el llamativo ramo de flores.

El padre desciende hasta quedar a la altura de la niña (detalle que capta con agrado Lucía) y con una cara inmensa de orgullo, le pregunta si le gusta lo que ve. La niña responde que si, sin parpadear.

Hay un ambiente singular, los niños están calmados dentro de su agitación, no paran de jugar ni un solo instante y en ningún momento se les ha visto pelear, enfadarse o mucho peor, ponerse a llorar.

Por fin aparece la amiga de Lucía. Su semblante es diferente a otras veces parece que le quiere decir algo y Lucía se da cuenta.

-Si cariño: este es el regalo que te tenía preparado, solo quería que TÚ fueras la protagonista de este cuadro.

Te observaba desde arriba, escondida detrás de aquel árbol. –

Niños felices porque sus padres lo están, una novia no muy segura del paso que ha dado agarrando fuerte su ramo para no despertar, sin embargo, él la sujeta de la cintura transmitiéndole seguridad. Una niña atónita, desde abajo observando la escena y de nuevo otro “protector” que la mira y le pregunta si le gusta lo que ve…

Aquí querida amiga; tienes la escena de lo que puede ser tu vida. Elige el lienzo que más te guste y ponte a pintar. Seguramente, conociéndote cómo te conozco, te querrás ir con los fotógrafos porque son los que están en distintos lugares y eligen la escena que más les vaya a gustar. –

elegir y vivir

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