Permitido MUJER tener SEXO y GOZAR sin más

Baja la cuesta de la calle feliz, radiante, contenta, acaba de sentir algo muy fuerte y todavía no se lo cree.

Se mira en los escaparates que encuentra a su paso, se siente feliz, dichosa, mujer, mujer y mujer.

No era lo que esperaba, lo que siempre había vivido, ni mucho menos todavía se lo cree. Es una sensación distinta, diferente, que se mueve por dentro y no tiene explicación.

Ahora comprende a muchos hombres, desgraciadamente a día de hoy, todavía no es costumbre escuchar esa vivencia, del otro lado, y no es que quiera ser uno de ellos, ni mucho menos, es solo que se pone en la piel de la falta de “responsabilidad”, de sentir tu cuerpo al máximo y no tener que pedir explicaciones a nadie y mucho menos a los demás. Libre, dichosa, auténtica…alguna vez tenía que llegar.

Es increíble poder sentir así, todas las veces que ha sentido la pasión en el otro, el deseo, la lujuria, el ansia por llegar al clímax y jamás lo pudo comprobar.

Educada en un colegio de monjas, donde el primer beso era pecado si no había un compromiso detrás, llevar falda sin imperdible decía muy poco de ti, mirar por la ventana cuando salían los chicos del colegio de al lado una provocación y así una lista interminable de prejuicios, censuras y el NODO en cualquier cine, en esas tardes de verano en plenas vacaciones, te lo recordaba una vez más.

Estudiosa al máximo, “niña de papá”, divertida, sociable, compañera, delegada de clase una y otra vez… con un novio a los 16, otro a los 25 y así tres y cinco y muchos más. Y siempre igual.

Sin gozar, sin apenas sentir, sabiendo que eso no era normal y que por más que preguntara a sus amigas, ¿A quién sino iba a preguntar? nunca escuchaba un buen final.

Ellos aguantaban o disfrutaban, probablemente ella lo pensará así, aunque si dos no gozan uno se queda igual. Porque algo ella tenía muy claro : “descargar” era una cosa y otra muy distinta: sentir, gozar, entregarse al otro y comprobar que cuando te desinhibes, confías y te dejas llevar de la mano, sin importarte nada más, es mucho más fácil, que cuando el otro piensa en su propio deseo y no busca ir a la par.

Y un día llegó, no sabe muy bien cómo, ni cuando, ni siquiera el porqué, simplemente no le dio mucha importancia a la invitación de Luis y dejándose llevar por su buen humor, su alegría, sus ganas de vivir, generoso como era y buen amante de principio a fin.

Se subió a su barco, y como buen capitán, alzo las velas de proa y de popa, haciendo una entrada espectacular, deseoso de sentirla al cien por cien y conseguir que gozará como la que más.

No paró de arroparla, de cuidarla, de mimarla con todo lo que él sabía, poseía y ella se entregó, confió, no se acordó de la ropa que tenía que tender, ni de la hora de recoger al pequeño de su clase de ballet, no le importó que se hiciera de noche y que no fuera a sonar el despertador …

Aquella noche y todas las que siguieron después, fueron aventuras, sin desventuras; algo desconocido, asombroso, diferente, alegre divertido, sin angustias, sin tener que estar pendiente de dar placer olvidándote completamente de ti.

No parpadeo ni un segundo, solo unas pocas veces tuvo que cambiar de posición.

El atento en todo, quería complacer, pero con mucho amor y placer. Decía que le dejara gozar de su cuerpo, que la quería contemplar en todo su esplendor, le colocó un espejo enorme, algo que sabía le iba a gustar y la dejó contemplarse en una postura y en mil más.

Cuando acabaron lloró de emoción, pero esta vez sin lágrimas, al revés, muerta de risa se abanicó (hacía un calor terrible y eso que estaba puesto el ventilador), le abanico a él y le dijo …- ¿Sabes lo que me apetece ahora? ¡No te lo vas a creer! porque, aunque es un deseo más usual de un hombre, te lo va a pedir una MUJER.

Quiero una cerveza, un cigarro de los que tengo en el bolso y ahora vas a ser tú el que te quedes de pie. –

 

Los dos se rieron hasta el amanecer.

– ¡Dichosa mujer, que “jodía” que es! … ¡Me tiene loco, muy loco pero lo que más me gusta de ella, es que no es predecible, no hace planes, improvisa con todo lo que ve!

– Le gusta mi casa, dice que es un barco, un poco desordenado, pero que, desde arriba, desde el mástil más alto, se ve un mar adentro que no tiene fin… ¡-

Permitámonos esta OPORTUNIDAD que nos brinda la vida, dejémonos llevar y no pensemos en nada más.

 

mujer-libre

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