Aceptar los regalos que te ofrece la vida.

 

Me está costando colocar toda la revolución que hay en mi interior.

Nuevo trabajo, nuevos compañeros, reencuentro con el pasado después de 36 años estando completamente cerrado. Y reencuentro, porque no decirlo también, con un pasado no tan lejano…

Voy a despedirme en breve de una bici, con la que llevo recorriendo casi toda la sierra madrileña más de 12 años.

Comienzo a escribir de forma profesional, intento dejar huella en el lugar de trabajo, donde me comunico con los ciudadanos a diario y por ser una entidad pública, las cosas tienen su burocracia y su ritmo, hasta en las redes sociales.

Me cuesta acostumbrarme a ese pausado ritmo, sin embargo, me armo de paciencia, porque por fin he comprendido, que muchas veces hay que parar, pararse y observar lo que ocurre a tu alrededor. Porque no todo el mundo sigue tu camino, ni te seguirán jamás.

Hay muchos que no lo entienden o quizá sean incapaces de sentir tu sintonía y mantener ese maravilloso compás.

Llevar las RRSS no está al alcance de cualquiera y mucho menos a determinadas edades, que ni las han vivido, ni las van a vivir  o simplemente no les interesan y no saben definir muy bien cuál es su función y todo lo bueno que te pueden reportar y todas las posibilidades que se pueden alcanzar.

Pero esto que os cuento no solo ocurre en el mundo laboral, ni siquiera en el Social Media. También en el día a día, es muy difícil comunicar lo que quiere o necesita el otro y se piden las cosas desde un lugar, que a mí se me antoja nada sano y menos natural.

Ayer coincidí con un ciclista en mi ruta matinal. Se ofreció a acompañarme y yo encantada con romper la rutina y disfrutar de la compañía. Le respondí que sí.

Era fisioterapeuta, estaba hecho un bisonte, entrenaba de forma regular, porque quería correr el año que viene una maratón. Normalmente salía con una compañera a prepararse para la ocasión, que era íntima amiga de su novia.

Le pregunté que si ella, su pareja, montaba en bici. Me respondió que no, que la quería “engañar” y que a ver si así lo conseguía. Me resultó curioso el verbo empleado. Yo hubiera utilizado: “motivar”, “seducir”, “animar”…pero “¿engañar”?.

Sí, desgraciadamente cuidamos bien poco el vocabulario, las palabras que pronunciamos sin darle apenas valor, tienen mucha importancia, porque es ahí, en el vocabulario que empleas donde expresas lo que quieres.

Por ejemplo, la palabra utilizada por este chico. Si te paras a pensar en el “engaño”, en cuanto descubres el sentido de la palabra, ya no te apetece ni un segundo indagar más.

Me quedé un poco pensativa y aunque no era mi batalla, me brotó del alma contestar, responderle, no dar por finalizada la conversación y añadí. -Pues yo, en mi vida, quiero un ciclista, de cuerpo firme, piernas fuertes y corazón noble. Un hombre que le guste la bici, que la disfrute como yo, porque no hay mejor sensación, que compartir algo que tu amas, con alguien que camine junto a ti. – Y por eso jamás emplearé el verbo “engañar” en algo que me hace tan feliz. –

Se quedó pensativo y cuando los caminos se bifurcaban. Le di las gracias de corazón, añadí que había sido un placer la ruta que me había mostrado y que era el regalo del día.

Hice ademan de marchar, pero entonces, ese hombre grande y corpulento, cercano y atento, se quedó parado como una estatua y me miro, retuvo mi mirada y pasados unos instantes, que a mí se me hicieron eternos, se despidió con la mano y en ese momento, comprendí lo que aquella mirada me había querido decir.

No será ni el último ni el primer ciclista que camine a tu lado. Ten por seguro que pocas veces los sentimientos son tan afines y se expresan de forma tan espontánea y particular.

Porque cuando tu compartes algo con lo que te sientes volar, de una manera tan profunda y llena de verdad, ten por cierto que al otro lado siempre habrá  alguien , que le guste lo tuyo, como a ti, o más y será muy difícil que la vida no te lo quiera regalar.

¡Arriba ciclistas!

bicicleta

 

 

Anuncios
Publicado en Historias reales., Sin categoría | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Una mujer, una madre, una vida.

Hoy es el “Día Internacional de la Mujer” y a mis estupendos 50 años, quiero desde aquí lanzar mi voz hacia todas las mujeres y en especial a las de mi edad.

A las mujeres que nos adentramos en esa etapa madura, por un lado, difícil de asumir, pero, por otro lado, mucho más tranquila de llevar.

Mi cuerpo está cambiando, más por dentro que por fuera. El exterior, de momento, permanece igual no sé si es bueno o malo lo que si se es que a mí me da un poco igual. Mientras pueda seguir con mi bici, correr por el campo y subir a mi sobrino Tin en brazos… ¿Qué más puedo pedir?

Sin embargo, esta sensación tan idílica no acaba aquí, hay un sentimiento extraño y profundo que transita por mi estómago se para en mi mente y alerta a mi corazón. Todavía querida amiga te quedan muchas cosas por hacer, no porque estés obligada, ni muchísimo menos, sino porque eres una mujer inquieta y avanzada, que no te conformas con lo primero que llega y siempre quieres más de lo que la vida te ofrece y tú siempre estás dispuesta a conseguirlo cueste lo que cueste.

Esa sensación ten extraña que no acaba de encajar, es al que me motiva aún más para continuar. Hacia arriba hacia adelante y no mirar hacia atrás.

Ayer me acordaba de mi madre de mi querida madre. Me vino a la mente una foto que guardo en mi interior, como oro en paño y que aparece en mi retina, muchas más veces de las que me podía imaginar.

Es de mi madre en lo alto de un mirador, bikini amarillo con unas modernísimas gafas de pasta color marrón. Posando frente a la cámara, a su derecha está mi primer novio, ella le tiene sujeto por la cintura y le mira de soslayo, se debe sentir muy joven y su mirada descarada la capto 30 años después.

No me enojo por su coqueteo, al revés siento su vibración lo joven que se sentía y lo mujer que era y que es. Tan solo tenía 50 y para mí era la más guapa de todas y ella lo llevaba de una forma sana y muy natural.

Y pienso en ella tantas veces, que me entran ganas de llorar porque era feliz a esa edad o por lo menos yo lo recuerdo así. Madre de cuatro hijos, con un aborto entre medias y tan lozana y llena de vida.

Estoy segura que no pensaba que entraba en ninguna etapa. ¡Estaba ella para pensar…! Y siento su energía y vitalidad y se me pasa ese gusanillo incómodo, que me recuerda ahora más que nunca donde estoy.

Gracias madre por ser como eres, por tu lucha en silencio, por tu saber estar. He tardado muchos años en reencontrarme, en reencontrarte y hoy, un día tan especial solo quiero decirte que eres una madre maravillosa y que estate tranquila de que tu hija logrará todo lo que tú no pudiste ni rozar, por mil razones que ahora dan igual.

Tus hermosos y profundos ojos azules están iluminando mi camino y tú vas a seguir ahí, hasta que tus manos se desprendan de las mías y sin presencia sigamos sintiendo que seguimos aquí.

 

Nina-recogiendo-juguetes

 

Publicado en Historias reales., Sin categoría | Etiquetado , , , , , , | 2 comentarios

Divorcio a los 85.

Mamá vale ya de hablarme mal de papá. Entras en bucle y no consigues nada.

Ya hija, pero es que es terrible estar con un “ser” así. No habla, no dice nada, le tengo que sacar las palabras con cuenta gotas.

Igual, mamá, ¿Es que no tiene nada que decir? O quizá: ¿no sienta ganas de vivir? Le responde su hija en tono airada, porque no soporta tanta queja, cada vez que le responde al teléfono.

No digas eso. Lo que pasa que es un aburrido y un sieso y no le gusta hablar.

Muy bien; entonces ¿Qué propones? ¿Estar martirizándole todo el tiempo? Porque igual, no estaría de más, que buscases la manera de sobrellevar el día a día sin depender de nadie, solo de ti.

Es que todas las cosas que me gustan hacer dependo de él. ¿Estas seguras de ello? Le hace reflexionar su querida hija, que le duele lo mal que se llevan y lo poco que tienen en común.

Pues sí. Ir a ver una exposición o que me lleve al teatro o ir a cenar a un restaurante bonito.

Muy bien, mamá. Para hacer todo eso hace falta un “chofer” que te acompañe y te de conversación y como ese “chofer” se ha jubilado. ¿Qué te parece si comenzamos por dar un paseo cerquita de casa, ver una película frente al televisor o con el ebook que te regalaron los Reyes, bajarte un buen libro que, con él, sí que vas a poder viajar?

Hija mía: es que continuamente me vienen pensamientos terribles hacia él. Vale, pues te voy a proponer otra cosa que he descubierto hace bien poco y que me está viniendo de maravilla.

Dime hija mía: que ya sabes que, si está bien para ti, igual yo también lo puede hacer.

Vale mamá. Escúchame con atención. Lo que yo he descubierto se llama meditación. ¿Y eso que es? Es una forma de desconectar de todos los pensamientos y dejar la mente en blanco.

Que bien suena. Dejar por un momento de pensar cosas terribles y poderme relajar. ¿Y eso cómo se hace?

Sentadita en una silla, cierras los ojos, cronometras 10 minutos ( este tiempo es solo al principio, luego puede ir a más)  en tu reloj de la mesilla. Pones las manos sobre tus piernas y durante ese tiempo solo te concentras, en la entrada y la salida del aire que pasa a través de tu nariz.

¿Y tú crees que eso me va a servir? Pues todo depende de las ganas que tengas en dejar de pensar en cosas malas y negativas.

Y ahí se quedó la conversación, entre la madre de María y su hija.

Ha pasado un mes. El chofer sigue sin conducir, pero la madre de María, se ha olvidado de comer en vajillas de plata, de las palomitas que dan en la entrada del cine y los cuadros de los museos, los ve en tecnicolor, cada vez que cierra los ojos y se acuerda de su respiración.

Su vida, en general, no ha cambiado mucho, sin embargo, su forma de sentir ha dado un giro radical y cuando de repente, en un ataque de los suyos, le entran ganas de romperle la cabeza, con el mando del televisor.

Cuenta hasta tres, siente su respiración y se acuerda de las palabras sabias de su hija y se da cuenta de que el reloj de su mesilla sigue donde lo dejó y que todavía es capaz, de poner la alarma a las diez.

divorcio-a-los-85

Publicado en Historias reales. | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Todos llevamos dentro un hada muy especial.

Como todas las mañanas desde hace ya una semana, salgo a trabajar a un lugar muy peculiar.

Todavía es de noche y no se ve un alma por la carretera por la que me dirijo feliz a mi nuevo trabajo. Me gusta abrir la ventana, a pesar del frío que hace fuera y sentir la brisa sobre mi cara.

Voy escuchando una emisora donde se habla de política, sociedad, deportes etc. De una forma muy distendida y siempre hablo con el locutor. Me cae muy bien. Hace muchas preguntas a sus oyentes y yo le sonrío; le cuento como he pasado la noche y las ganas que tengo de comenzar.

Aparco en una zona donde hay muchos árboles. Como tengo la suerte de estar en la sierra de Madrid; mire hacia donde mire, me encuentro con las montañas que están casi bajo mis pies  y en mi descanso matinal,  salgo como una escopeta y me dirijo por entre las casitas del pueblo, a una zona que está a apenas 10 minutos y hablo con las hadas que hay en ese pequeño bosquecillo.

Son de muchos colores y salen de entre las piedras rocosas para darme los buenos días.

Ayer no las vi. Hacía mucho frío para estar ahí, pero yo les dejé un poco de comida, un rico bizcocho que por la tarde cociné con mi amigo Juan. Es repostero y siempre que le llamo para que me haga algo especial, sin pensárselo dos veces y entre azúcar, huevos, harina y leche, montamos unas en el fogón, que así luego se queda la cocina. Pero a mí me da igual porque hay un olor tan rico que me entran ganas de no salir de ahí

Esta mañana no he podido ir a trabajar; me ha dado en la espalda una fuerte lumbalgia que he tenido que ir a urgencias porque no aguantaba el dolor.

Me he sentido, rara, extraña y con una sensación que era nueva. He echado muchísimo en falta a mis nuevos compañeros, mi cafetito de media mañana y ver a las hadas en el paseo.

Así que me he parado a sentir, a que se debía ese fuerte dolor y que es lo que ese parón imprevisto quería decirme.

Lo he sentido muy claro. El pasado ya no es para mí, el presente, mi nueva vida, el trajín laboral, la incertidumbre de saber lo que nuestros jefes van a querer de cada una de nosotras, porque parece extraño, pero todas somos mujeres, grandes mujeres, diferentes, genuinas y especiales. Y ante todo cuatro mujeres.

Ese es mi nuevo lugar, donde quiero estar y este parón de un día o de quizá dos; me ha ayudado a despedirme de lo que fue y ya no será y a coger si cabe con más ganas, mi nueva vida en el mundo laboral.

Y es que ayer, cuando el doctor palpaba mi espalda para ver donde sentía el malestar. Se acercó una hada verde, silenciosa, relajada. Para decirme que no me preocupara, que este médico también era de los suyos, solo que disfrazado con bata blanca y que escucharía mis palabras sin parpadear.

Al principio no la entendí. Hablaba muy bajito y su susurro me despistaba.

Pero cuando el doctor, al cabo de casi cuatro horas de permanencia en el hospital. Me llamo para darme los resultados. Me dijo que todo estaba bien y de forma un tanto extraña, me pregunto qué a que me dedicaba, le dije que era Community Manager y que adoraba mi profesión.

Me miro a los ojos y me respondió que era la primera persona, a lo largo del duro y frenético día que llevaba, que le contaba algo interesante de su vida y que a simple vista podía adivinar que no era solo en mi entorno laboral. Que se notaba (palabras textuales) que yo era de las que disfrutaban a tope de todo lo que hacía.

Ahí me di cuenta de que él también era de otro planeta, seguramente de alguno cercano al de mi hada particular.

Después me pidió consejo sobre la empresa online que acababa de crear. Era una pequeña discográfica y su objetivo era promocionar a sus músicos preferidos.

En ese punto detuve el tiempo y sentí que ya no era mi médico, sino que se había convertido en mi “paciente” y que yo era, en ese mágico momento, el profesional. Me escucho muy atento. Me dio las gracias, le di la mano y al salir me dedico una gran sonrisa.

Cuando me dirigía a recoger el coche del aparcamiento del hospital hice un resumen de todo lo que había pasado ahí dentro.

Mis compañeras de apenas una semana me habían mandado un WhatsApp diciéndome que ya me echaban en falta, la paciente con la que había coincidido en la sala de curas y que una hora antes me había confesado de donde le venía su terrible dolor de cabeza, y yo simplemente me había atrevido a rozarle un poco su corazón interesándome por su dolor; antes de irse me dio las gracias por mi sugerencia y con un brillo especial en su mirada se despidió.

Y comprendí que todo la “medicación” que me habían metido por vena con un goteo y la inyección que atravesó mi dolorido glúteo no era otra cosa que energía vital, paz interior y savia fuerte y renovada para comenzar este nuevo proyecto como lo hacen los seres especiales, los que hablan con hadas y criaturas genuinas y diferentes, las que viven camufladas en el mundo de los vivos pero que solo muy pocos, los elegidos, somos capaces de visionar.

hadas_bosque

Publicado en Realidad y Ficción. | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

La firma.

Hace unos días la pedí a un buen amigo, un profesional del diseño gráfico, que me hiciera un logotipo para poner mi rubrica en los correos electrónicos que envío a mis clientes.

Me hacía mucha ilusión que fuera él, el encargado de dicho menester, nunca antes había tenido necesidad de dejar plasmada en una imagen mi profesión, pero algo había ocurrido que me empujaba a tener mi firma como si fuera un documento oficial.

Lo sentía como algo: serio, maduro. Representativo de alguien que por fin se ubica de pleno en el mundo laboral. Y quiere dejar a su paso su huella profesional, siendo consciente, como nunca, de hasta dónde uno puede llegar.

Situada y situados, quiero haceros partícipes de mi demanda y de cómo se fueron aconteciendo los hechos, en principio, de una simple signatura.

La mayoría de las veces sé muy bien lo que quiero cuando necesito que me hagan algo del tipo que sea, pero cuando se refiere a un diseño, en mi cabeza va todo muy rápido y suelo ser concisa y clara.

En un simple WhatsApp le expliqué lo que necesitaba. No hacía falta que me explayara demasiado, conocía muy bien mi gusto y mi personalidad. Fuimos compañeros de facultad durante los 5 años que duró la carrera. Y ya por aquel entonces con un simple gesto, sabía perfectamente interpretar lo que después le fuera a contar.

Los días pasaban y no tenía respuesta; extrañada le volví a escribir y por fin me envió un correo electrónico contándome las accidentadas navidades que había tenido.

Trascribo tal cual:

Te cuento: El día 23 por la mañana mi padre se cayó y se fracturó el fémur a la altura de la prótesis que tenía puesta hace 12 años…

En fin, han sido unas navidades muy chungas, tardaron en meterle en quirófano 10 días, le operaron el día 2 por la mañana. La operación ha ido muy bien, pero aún sigue en el hospital.

La cuestión es que mi padre físicamente está muy, muy bien, aparenta 10 años menos de los que tiene, pero a nivel de cabeza viene arrastrando una depresión desde hace unos años con lo que la rehabilitación se está complicando un poco…

Desde luego las navidades han sido todo un training de empatía, y psicología. Muy difícil, pero como dice mi madre “de todo se sale”. Estamos en ello ;)”

Ya no leí más, no necesitaba saber lo que venía después.

Sentí un profundo dolor, quiero mucho a mi amigo y conozco muy bien a su familia, sin embargo, comprendí que a veces, las cosas se truncan y que no hay navidades felices o tristes, sino simplemente hay navidades y a mi amigo le había tocado una no muy grata.

Al día siguiente, una vez reposado el desafortunado incidente. Volví a leer el correo para responder y darle todo mi ánimo, pero cuál fue mi sorpresa, cuando al llegar al final, vi un diseño espectacular. Un logotipo en vivos colores y el diseño era mucho más de lo que le  había solicitado.

Me quedé sin palabras, muda y de nuevo comprendí: cómo son los amigos, los grandes amigos, los de toda la vida, los que no hace falta que veas a menudo, ni siquiera hace falta que tengas una comunicación pautada. Sin embargo, cuando les necesitas, siempre están ahí.

Corren, vuelan, acuden a tu llamada sin más miramientos que el simple deseo de estar .

Miré la firma. Comprobé que no le faltaba detalle, que era más de lo que le había pedido, mucho más. Tenía corazón, alma, vida. Tenía cariño, cercanía y ganas de compartir un momento para ti tan especial.

Y sentí que la vida, comienza todos los días y las personas que realmente merecen la pena, pertenecen a tu mundo, a tu vida y que siempre estarán ahí, por mucha distancia que exista entre un “hola” y un “que tal”.

 

firma

Publicado en Historias reales. | Etiquetado , , , , , , , , | Deja un comentario

Un año más y una uva de menos.

Expectantes, nerviosos, inquietos. Estamos toda la familia frente al televisor. Van a dar las 12 campanadas y esperamos impacientes el momento.

Sentados estratégicamente, cada uno lleva en su respectivo bol sus 12 perlas. Todos miramos atentos al televisor.

Hemos elegido una cadena, la de siempre, la primera de toda la vida. Nos encanta porque aparecen en la parte inferior de la pantalla, unos circulitos con un número, que según van sonando las campanadas  encienden una luz que te indican por donde vas.

Es un momento mágico, especial. Además, es el primer año que lo celebramos fuera de la casa de mis padres y se me antoja todo diferente. Tengo una sensación extraña, como de no reconocer ni el momento ni el lugar, pero al mismo tiempo me envuelve una sensación de novedad que me gusta. Romper la rutina, pasar al otro lado desde un lugar distinto, diferente y eso me produce una sensación única y un poco espacial.

Me he vestido de negro, entera, para la ocasión. También es extraño en mí. Hacía mucho tiempo que no utilizaba ese color. Sin embargo, me siento cómoda, a gusto.

Ya no me demoro más, que empiezan las campanadas. Una, dos, tres…Y cuando voy, creo que, por la quinta campanada, una de mis uvas cae al suelo. ¡Vaya fastidio! digo para mis adentros. Palpo con la mano, no quiero apartar la vista del televisor y no hay manera de dar con ella. Sigo comiendo uvas, no vaya a ser que no llegue al final. Ya no puedo más y grito: ¡He perdido una uva! ¡Por favor!

Y mi cuñada, rápida y veloz como un rayo, va a la cocina y repone mi uva perdida. Le doy las gracias y sigo atenta al televisor, masticando al compás que marca el reloj.

Por fin las doce, ya estamos en el 2017 …Por fin. Casi no llego o quizá sea al revés. Tenía tantas ganas de que llegara, que mis uvas nerviosas han sentido mi inquietud, se han alterado de mi emoción y entre unas y otras han montado su verbena particular…Me río, beso a toda la familia.

Siento algo extraño, me gusta. No soy la misma persona, ni estoy en el mismo lugar.

Mi sobrina ha grabado el momento con una cámara de vídeo. Lo reproduce en el televisor. Nadie entiende lo que sale en la pantalla.  Solo ella y yo. Nos reímos a carcajadas, hay una sintonía especial.

Nos miramos a los ojos y no nos hace falta decir nada más. Ella con tan solo 15 años y yo con el medio maravilloso siglo a mis pies. Sentimos de una forma parecida que nos entran ganas de llorar de alegría.

¡Qué forma de comenzar el año! Por una simple uva que se escapó. No hay casualidades en la vida, todo ocurre  por algo y  para algo ; eso lo sé muy bien yo.

Brindamos con cava, las copas se juntaron… ¡chin!¡chin! Que sensación tan plena, tranquila. relajada …Sin duda será mi año.

Abracé de nuevo a mi sobrina y no paramos de reír.

 

2017-uvas

Publicado en Historias reales. | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Cuando te falta un hermano.

Ya están de vacaciones navideñas y Clara junto a sus amigas de clase se dirigen a un centro comercial próximo a su casa, para celebrar que ya no tiene que volver al colegio en unos días y que por fin van a poder disfrutar de unas riquísimas tortitas con nata y chocolate.

Esta vez se ha tenido que llevar a su hermano Javier, el más pequeño de la casa, de tan solo ocho años porque sus padres todavía trabajan.

Lleva dinero de sobra porque el abuelo paterno de nombre Juan le ha dado un buen aguinaldo la semana pasada y quiere invitar a su mejor amiga, Adela.

No le hace mucha gracia ir con su hermano, sin embargo, ya le avisó anoche mamá que, si no iba con él, no saldría de casa. Así que no ha tenido elección.

La mejor amiga de Clara, adora al travieso Javier, le recuerda a un hermano que tuvo y que hace exactamente tres años, falleció en un accidente de coche, cuando viajaba con sus abuelos y todavía ese duelo no lo tiene superado. Aunque desgraciadamente estos terribles golpes que te da la vida jamás se superan.

Han llegado a la cafetería, esperan pacientes a que les acomoden en un lugar cerca de la ventana, porque a Adela le gusta ver pasar a la gente tras el cristal y siempre pide estar lo más cerca posible del exterior. Todavía siente un nudo en el estómago cuando se encuentra en un lugar cerrado.

Antes de que llegue el rico bocado y no haya tiempo de confesiones; Adela le pregunta a su amiga con quien pasará la Noche Buena, sin dudarlo responde que con la familia de su madre. No ha habido tiempo de respuesta cuando Javier se lanza como un rayo y a viva voz comenta que eso no le gusta nada, que también a papá le gustaría estar ese día con su familia.

¡No digas tonterías! Le increpa su hermana con un deje atrevido y descarado que enfurece al niño. ¡Yo no digo tonterías! le responde Javier entre triste y enfadado. ¿Qué no dices tonterías? Claro que si Javier: es como si en Noche Vieja, que la vamos a pasar con la abuela Cristina y el abuelo Manuel, te recuerdo padres de papá, a ti te diera pena mamá.

Pues sí. También me daría mucha pena. Entonces… ¿Qué quieres, que no haya Navidad, para que no te pongas a llorar como un bebe? Le vuelve a regañar su hermana y está vez su arrebato ha ido a más.

La tensión sube y Adela quiere intervenir para que los ánimos se calmen y tengan la fiesta en paz. A ver amiga: lo que tu hermano quiere decir es que lo que a él le gustaría es que en Navidad se pudieran juntar las dos familias en un mismo lugar. ¿No es así Javier?

Si. Responde el pequeño en un hilo de voz que solo escucha el cuello de su jersey. Sin añadir nada más, la amiga de Clara le felicita por tan generosa y sentida actitud y le dice que así siempre debería de ser.

La hermana no entiende nada y vuelve con la conversación. ¿Cómo se van a juntar las dos familias, si son completamente diferentes y los mayores se llevan fatal? Dice de un tirón aguantando la respiración. Pues por eso mismo querida amiga. Le responde Adela que se ha quedado asombrada de la sensibilidad del pequeño Javier.

Lo que tu querido hermano desea y lo siente verdaderamente desde el corazón es poder juntar a ambas familias en estas fechas tan señaladas porque él, no tiene rencores, ni rencillas, ni comprende la situación de los mayores y yo creo, sinceramente te lo digo: que ni si quiera le gustaría saber el porqué de esa distancia.

Tu adorable hermano no tiene dobleces y los quiere a los dos por igual. Y encima tiene la valentía de decírtelo a la cara, aun a sabiendas que le vas a chillar.

Y en un acto espontáneo, la amiga se levanta de la mesa, coge de la mano a Javier y sin mediar palabra le estrecha entre sus brazos le dice lo lindo que es y se acuerda por un instante de su hermano, que nunca le podrá invitar a tortitas con nata y jugar con él, viendo a los otros niños correr tras el cristal.

Es una gran tristeza que teniéndolo todo, por pequeños gestos no exista una buena conexión familiar y es que, si mirásemos un poco a nuestro alrededor, nos daríamos cuenta que somos muy afortunados porque existen otras familias que no lo dudarían ni por un segundo pero desgraciadamente ELLOS ya no pueden elegir.

 

hermano-navidad

Publicado en Reflexiones. | Etiquetado , , , , , , , , | 2 comentarios