Conservando las raíces.

Nueve y media de la mañana.Susana como todas las mañanas coge su metro en una estación muy concurrida.
Hoy ha debido ocurrir algo porque el andén se encuentra atestado de gente y el aire que se respira o mejor dicho, el poco aire que queda apenas llena los pulmones de los cuerpos allí presentes.

Hoy es un día especial para ella. Es su primera presentación profesional y tiene que dirigirse a más de cuarenta personas, todos ejecutivos de alto nivel y siente cierta inquietud en su cuerpo.

Cuando por fin llega su tren se introduce en él como puede y sin querer queda flanqueada por dos hermosas mujeres de apenas veinticinco años. Visten ropas de vivos colores trenzados sus cabellos uñas pintadas de un fuerte color, turbantes exquisitamente colocados sobre sus cabellos y ojos y piel oscuros muy oscuros…Sobre su regazo y a su espalda arropan cada una a sus hijos de tierna edad.

La más guapa de las dos porta a una niña. Intenta quedarse dormida sobre la espalda de su mamá y no lo consigue por el vaivén del metro y probablemente por el calor asfixiante que inunda todo el vagón.
La otra madre un poco más mayor a sus brazos estás otro hermoso pequeño .Ojos vivos centelleantes. Su cara expresa inquietud y sobre todo desconfianza. Las miradas de los pasajeros incluidos las de Susana están clavadas en el pequeño y el niño se siente observado escudriñado y quizá ese aire de desconfianza sea solo un escondite para alejar su miedo…

Mi querida amiga tiene mucho estaciones por delante y observa la escena muy de cerca. A su derecha “ojos de azabache”. Ya le ha apuesto nombre y a su izquierda el “hada de los sueños” que con su mimosa naricita y sus labios color de fresa la tiene embobada…

Las madres perfectamente ataviadas sienten también las miradas. Unas de amor otras de sorpresa alguna que otra persona mira con extrañeza incluso con acritud… ¿Para que vendrán de países tan lejanos si aquí muchos no pueden vivir…? Escucha algún murmullo pero no le da importancia…
Las estaciones pasan despacio y el olor y el calor se hacen insoportables.

Hay un fuerte frenazo y la niña de labios de fresa se sobresalta, su compañero de juegos le dice algo al oído y Susana se traslada a un país… Al país de estos niños donde los elefantes y los leones pasean a sus anchas y en su lenguaje les dice que no teman, que algún día volverán y que ya no se sentirán observados ni tendrán que viajar en un vehículo tan lleno de gente donde la vida es toda igual…

Les besa en la frente con la mano les dice adiós y antes de que las puertas se cierren los niños le dedican una hermosa sonrisa y las jóvenes madres asienten llenas de emoción.

Esa mañana cuando Susana se dirigió a su público no pensó en una sala llena de ejecutivos con sus móviles portátiles tablets…Cerró los ojos respiro profundamente y lo que vio al abrirlos fue un gran amanecer inundado de sol, en una hermosa sabana llena de cebras jirafas leones y ante ese escenario su día fue de otro color.

Mujeres africanas

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6 respuestas a Conservando las raíces.

  1. Juan Carlos dijo:

    Fantástico relato, me has alegrado la mañana.

  2. LNA dijo:

    Preciosa conexión…

  3. Mª José Longoria dijo:

    En El metro se pueden inventar muchas historias, sobre todo en estaciones largas, los personajes son tan variopintos …… que invita.
    Me gusta como lo reflejas. Esa visión que tienes, invita a seguir leyendo.

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