Las batallas de la vida.

Isabel se levanta a la hora de siempre hoy tiene que ir a visitar a un nuevo cliente. Se arregla con esmero por la noche ha dejado preparada toda su ropa, complementos, zapatos hasta el pañuelo que quiere llevar a juego. Es coqueta y femenina y le gusta ir bien arreglada.
Esa mañana hay algo en el ambiente que lo hace distinto ella no acierta que es.

Desciende del autobús dos paradas antes. Va con tiempo de sobra y le gusta caminar. Calle de la Rosa número cincuenta y tres. Es la dirección que debe coger. Es una calle muy larga de las más conocidas de la capital. Ha pisado sus tiendas muchas veces y se las conoce muy bien.

Le gusta acercarse al lugar antes de que lleguen sus compañeros para cerciorarse de que la dirección es la correcta.
Un nudo se instala en su estómago y sus ojos están a punto de llorar. Una fuerte emoción le recorre todo el cuerpo y no acierta a saber de donde le viene.

Justo al llegar al portal del cincuenta y tres de la calle de la Rosa es donde hace hoy tres años a las diez de la mañana en la primera planta de ese elegante edificio. El equipo de cirujanos formado por el doctor Acero, la doctora Guerra y el doctor Amor; intervinieron a su madre de una grave enfermedad.
Casi cinco horas de quirófano… Isabel se queda paralizada no entiende como la vida te vuelve a colocar en el mismo lugar…

En ese preciso instante desciende de su caballo de dos ruedas y volante de acero su compañero Juan. Siente en su expresión que algo no va bien. Ella le cuenta lo que acaba de suceder y él con ese aire práctico campechano y socarrón le dice que no se preocupe, que su madre está bien y que no hay que mirar hacia atrás.

Ya han llegado los que faltaban.Suben a la cuarta plante en el ascensor. Les recibe una eficiente secretaria y les hace esperar apenas diez minutos en una sala llena de valiosos cuadros de pintores del siglo pasado.

Al rato llega el abogado del bufete.Les saludo a los cuatro y se presenta: Enrique Valiente.
Hora y media dura la reunión. Toda ha salido muy bien, Isabel se siente satisfecha de su intervención. Todos están contentos porque han conseguido el objetivo con el que venían superando las expectativas con las que no contaban.

El letrado Valiente se despide de los tres hombres y al llegar a Isabel, como un caballero de antaño le besa en la mano. Ella escucha lo que le dice su corazón: hace cuatro años a las cinco de la tarde su hija Lucia también fue intervenida por el equipo del doctor Acero. Y hoy ya puede jugar y saltar y reír y…VIVIR.

Isabel agarra fuertemente la mano del hombre “Valiente” y junto a los doctores: Acero, Guerra y Amor desciende los cuatro pisos que la conducen al portal. Una vez en la calle observa el cielo que es de otro color.

Toma aire respira fuerte y se va caminado muy despacio junto a sus compañeros que han debido de notar por la expresión de su mirada que ese día para Isabel tiene un sabor especial…

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2 respuestas a Las batallas de la vida.

  1. Mª José Longoria dijo:

    Me encanta “El equipo de cirujanos formado por el doctor Acero, la doctora Guerra y el doctor Amor” y “el caballo de dos ruedas” . Bonita mezcla en esta historia. Muy bueno

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